ESTUDIO DEL VERSÍCULO

Lucas 7:38 — Las lágrimas de la mujer pecadora a los pies de Jesús

Una mujer conocida en la ciudad como pecadora llora a los pies de Jesús, los lava con sus lágrimas, los seca con sus cabellos, los besa y los unge con un perfume costoso.

Escritura

  1. 38.y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.and standing behind at his feet, weeping, she began to wet his feet with her tears, and wiped them with the hair of her head, and kissed his feet, and anointed them with the ointment.

Qué significa este pasaje

Lucas 7:38 es un solo versículo cargado con cinco acciones secuenciales que trazan la devoción creciente de la mujer. Se coloca detrás de Jesús, a sus pies; luego llora; después moja sus pies con lágrimas, los seca con su cabello, los besa y, finalmente, los unge con el perfume que había traído en un vaso de alabastro (v. 37). Cada gesto intensifica el anterior: se pasa de la cercanía silenciosa al contacto físico y, por último, al regalo del perfume costoso.

La postura es deliberada: se pone detrás de él, a sus pies, la posición más baja que se puede adoptar ante otra persona. El llanto precede cualquier acto de lavar o ungir, de modo que las lágrimas no son producidas por la gratitud por lo que ella vino a hacer, sino que brotan espontáneamente de su encuentro con él. El uso de su propio cabello para secarle los pies personaliza el acto de un modo en que un lienzo o una toalla no lo harían, y los besos repetidos señalan afecto continuo y no un único gesto ritual.

El versículo aporta los detalles físicos que Jesús enumerará después en su reprensión al anfitrión Simón (vv. 44–46). De ese catálogo surge la lógica parabólica de los vv. 41–43: aquel a quien se le perdona mucho, ama mucho. El versículo 38 es, por tanto, la evidencia narrativa sobre la cual descansa la afirmación teológica de Jesús.

Contexto

Lucas 7:38 se sitúa dentro de una escena de comida en casa de Simón el fariseo (vv. 36–50). Jesús ha aceptado la invitación y se ha reclinado para comer; una mujer identificada como pecadora en la ciudad se entera de la reunión y lleva un vaso de alabastro con perfume (v. 37). El versículo 38 narra luego sus acciones a los pies de él, las cuales provocan inmediatamente la objeción interna de Simón en el v. 39 («Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca»). Los versículos siguientes (vv. 40–50) recogen la respuesta de Jesús: una parábola de dos deudores, un contraste directo entre las omisiones de Simón y los dones de la mujer, la declaración de que sus muchos pecados le son perdonados, y la palabra final: «Tu fe te ha salvado; ve en paz».

Contexto más amplio dentro del capítulo 7: el capítulo alterna escenas de autoridad de Jesús con escenas de controversia. Antes, la fe de un centurión lo asombra (vv. 1–10) y el hijo de la viuda de Naín es resucitado (vv. 11–17). Los enviados de Juan el Bautista reciben la respuesta de Jesús (vv. 18–23), y Jesús defiende a Juan frente a la generación presente (vv. 24–35), cerrando con el proverbio «la sabiduría es justificada por todos sus hijos» (v. 35). La escena de la comida que sigue es donde se pone a prueba ese proverbio: los «hijos» de la sabiduría la justifican al arrepentirse y amar, como hace aquí la mujer.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se coloca detrás de Jesús, a sus pies?

Reclinarse durante una comida situaba los pies del anfitrión detrás o al lado de los lechos bajos; ponerse detrás, a sus pies, la ubicaba en la posición más baja respecto a él. La postura señala humildad y autoabatimiento ante Jesús, mientras que las lágrimas que siguen muestran que la postura no es interpretada sino que brota de una emoción genuina.

¿Por qué le seca los pies con su cabello?

El versículo no da explicación; simplemente registra el acto. Usar su propio cabello ata el gesto a su persona de un modo en que un lienzo o una toalla no lo harían. Jesús después lo destacará en el v. 44 como uno de los dones que Simón omitió, razón por la cual el detalle queda registrado.

¿Cómo se conecta el versículo 38 con el perdón que Jesús pronuncia en el versículo 48?

El versículo 38 aporta la evidencia física —lágrimas, cabello, besos, perfume— que Jesús enumera en los vv. 44–46. Luego extrae la lógica en el v. 47: «Sus muchos pecados le son perdonados, porque ha amado mucho». El versículo 48 hace explícita esa implicación al dirigirse directamente a ella: «Tus pecados te son perdonados». Las acciones de la mujer en el v. 38 no son la causa de su perdón, sino el amor visible que demuestra que este ha sido recibido (cf. v. 50, «Tu fe te ha salvado»).

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