Caleb fue un explorador de la tribu de Judá quien, porque siguió al Señor por completo, se le concedió la entrada a la tierra prometida y se erige como un modelo de fidelidad y devoción sincera.
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Vida e historia
Al final del peregrinaje de Israel por el desierto, Caleb fue enviado por Moisés junto con los otros espías para reconocer la tierra de Canaán. A diferencia de sus compañeros, que trajeron un informe temeroso y desanimaron al pueblo, Caleb calmó al pueblo delante de Moisés, declarando que por el poder de Dios eran más que capaces de vencer y poseer la tierra. Ante la incredulidad generalizada de Israel, el Señor pronunció juicio sobre aquella generación, declarando que perecerían en el desierto. Sin embargo, Caleb, porque tenía un espíritu diferente y había seguido al Señor por completo, recibió la promesa de que sería llevado a la mismísima tierra que había pisado, y sus descendientes la poseerían como heredad. Cuarenta años después, cuando la nueva generación entró en Canaán y la tierra estaba siendo distribuida, el anciano Caleb se presentó ante Josué y recordó lo que el Señor había hablado en aquel día. Rehusando volverse temeroso con los años, pidió la región montañosa todavía ocupada por los anaceos y protegida por ciudades fortificadas, confiando en que el Señor estaría con él como lo había prometido. Josué entregó Hebrón a Caleb, y allí se estableció, expulsando a los tres hijos de Anac y cumpliendo la palabra hablada sobre él décadas antes. La vida de Caleb ilustra el fruto de la devoción íntegra: una palabra de fe confiada, una memoria viva de la promesa de Dios, un valor firme ante los gigantes y la dependencia de la presencia del Señor más que de la fuerza humana. Recordado entre los héroes de la fe en Hebreos, su historia continúa modelando lo que significa seguir a Dios por completo.