Jezabel fue la esposa del rey Acab del norte de Israel, notorious por promover el culto a Baal y perseguir a los profetas de Yahweh, convirtiéndose en el arquetipo bíblico de la maldad y la idolatría.
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Vida e historia
Jezabel provenía de un origen pagano sidonio. Como reina consorte del rey Acab de Israel, introdujo el culto a Baal en el palacio y en la nación, respaldando a cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y a cuatrocientos profetas de Asera, convirtiéndose así en la fuerza impulsora de la idolatría en el país. Su persecución del culto a Yahvé fue brutal: llevó a cabo una masacre generalizada de los profetas de Yahvé, y solo el oficial del palacio Abdías salvó a cien de ellos escondiendo a dos grupos en cuevas y proporcionándoles pan y agua. En el asunto de la viña de Nabot, el abuso de poder por parte de Jezabel se hizo más evidente. Ella arregló testigos falsos para acusar a Nabot de maldecir a Dios y al rey, apoderándose de la herencia que este se negaba a entregar. Este acto violó abiertamente el mandamiento contra el falso testimonio y expuso la naturaleza corrupta de la autoridad injusta. Por medio del profeta Elías, el SEÑOR pronunció juicio sobre la casa de Acab, declarando específicamente concerning Jezabel que los perros comerían su carne junto al muro de Jezreel. Esta profecía se mantuvo como una declaración de venganza divina, mostrando que Dios vengaría la sangre de Sus siervos profetas y retribuiría el mal. Jezabel encontró su fin durante la purga de Jehú contra la casa de Acab; su cuerpo fue arrojado en el campo de Jezreel, y los perros comieron su carne, cumpliendo la palabra del SEÑOR. Su caída confirmó la certeza del juicio justo de Dios. El legado de Jezabel es profundo y duradero. Ella se erige como el arquetipo bíblico de la maldad, y su nombre se ha convertido en sinónimo en la Escritura y en la tradición posterior de seducción, falsa enseñanza e idolatría. En Apocalipsis, el nombre es tomado como símbolo de corrupción espiritual y falsa profecía. Su historia advierte que la idolatría y el abuso de poder inevitably incurren en el juicio divino, y que Dios permanece como el Juez justo que venga a Sus siervos.