Roboam, hijo de Salomón y primer rey del reino meridional de Judá. Fue reconocido por todo Israel en Siquem, pero rechazó el consejo de los ancianos, aceptó el severo consejo de sus jóvenes compañeros y causó con ello la división de la monarquía unificada en los reinos septentrional y meridional.
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Vida e historia
Roboam fue heredero de la dinastía davídica, hijo de Salomón, y ascendió al trono a la edad de cuarenta y un años (cf. contexto de 1 Reyes 12:21). El pueblo de Israel se reunió en Siquem para proclamarlo rey. Según el relato paralelo de 2 Crónicas, Jeroboam y la asamblea de Israel se presentaron ante él y le pidieron que Roboam aliviara la pesada labor y los duros tributos que habían caracterizado el reinado de Salomón, ofreciendo a cambio su lealtad. Roboam consultó primero a los ancianos que habían estado al servicio de Salomón, su padre; ellos le aconsejaron responder al pueblo con bondad y un yugo suave, para que le sirvieran fielmente todos sus días. Sin embargo, Roboam abandonó el consejo de los ancianos (como se registra en 1 Reyes 12:8) y consultó en su lugar a los jóvenes que habían crecido con él y lo servían. Estos lo instaron a hacer el yugo más pesado en lugar de más ligero, amenazando con un trato más severo para el pueblo. El resultado fue que diez tribus de Israel, guiadas por Jeroboam, se rebelaron y formaron el reino del norte de Israel, mientras que solo Judá y Benjamín permanecieron leales a la casa de David. Esta división encaminó a los reinos del sur y del norte por trayectorias distintas: Judá bajo la línea davídica e Israel bajo el gobierno de Jeroboam, lo que pronto condujo al establecimiento de la adoración al becerro de oro en Dan y Betel. El reinado de Roboam marca así el fin de la monarquía unida y el comienzo de la era del reino dividido. Su relato es frecuentemente citado como un ejemplo aleccionador de las consecuencias de rechazar el consejo sabio, gobernar con orgullo en lugar de humildad, y no honrar al Señor que sostenía el pacto davídico.