Tito fue un estrecho compañero y colaborador del apóstol Pablo, a quien Pablo confió la tarea de poner en orden las cuestiones sin resolver en Creta y de nombrar ancianos en cada ciudad.
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Vida e historia
Tito es uno de los pocos colaboradores a quienes Pablo llamó con cariño su «compañero» y «colaborador». En 2 Corintios, Pablo escribe: «Si alguno pregunta por Tito, él es mi compañero y mi colaborador para con vosotros» (2 Corintios 8:23), lo cual indica que Tito no era un asistente cualquiera, sino un compañero de confianza que participaba en la exigente labor de coordinar el cuidado y las ofrendas entre las iglesias. Más tarde, Pablo confió a Tito una misión específica: lo dejó en Creta (Κρήτῃ) para que arreglara lo que faltaba y estableciera ancianos en cada ciudad, conforme a lo que Pablo le había ordenado (Tito 1:5). Este encargo revela la profundidad de la confianza de Pablo en Tito, pues requería madurez espiritual, sabiduría organizativa y la capacidad de establecer un liderazgo sólido por sí mismo. La epístola que lleva el nombre de Tito entrelaza además las grandes verdades del Salvador, la gracia, la sana doctrina, las buenas obras, la regeneración y la fe, permitiendo a las generaciones posteriores entrever las convicciones de este siervo fiel. La vida de Tito recuerda a la iglesia que los colaboradores fieles no son meramente predicadores, sino edificadores del cuerpo de Cristo. En los años formativos de la iglesia primitiva, cuando los creyentes se unían en doctrina y comunión, Tito participó en esta obra con devoción constante. Su ejemplo perdura como un modelo de asociación, responsabilidad y servicio firme para cada generación que le sigue.