Santiago, el hermano del Señor, fue una figura prominente en la iglesia primitiva de Jerusalén, ejerciendo autoridad decisiva en el concilio apostólico y reconocido como uno de los pilares de la iglesia.
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Vida e historia
Santiago, el hermano del Señor, no apareció como seguidor durante el ministerio terrenal de Jesús, pero, después de que el Cristo resucitado se le apareció, se elevó hasta convertirse en uno de los líderes más respetados de la iglesia de Jerusalén. Cuando Pablo relató sus propios contactos postconversión con el círculo apostólico, señaló que no vio a ninguno de los otros apóstoles excepto a Santiago, el hermano del Señor, lo que señala a Santiago como alguien que ocupaba un lugar singular entre los apóstoles. En el concilio apostólico de Jerusalén, después de que un debate intenso hubo recorrido su curso, Santiago habló en último lugar y pronunció el juicio decisivo, recurriendo a las palabras de los profetas y dando forma a la respuesta de la iglesia a la cuestión de la inclusión de los gentiles y a la relación apropiada entre los creyentes gentiles y judíos. Su veredicto demostró una autoridad que lo situaba en el centro de la deliberación colectiva de la iglesia. En una ocasión posterior, cuando Pablo y Bernabé vinieron a Jerusalén para informar sobre su labor, Santiago, junto con Cefas y Juan, considerados como columnas de la iglesia, les dieron la mano derecha de compañerismo, reconociendo la gracia concedida a Pablo y acordando que las dos partes dividirían sus campos de misión entre los gentiles y los circuncidados. Venerado en la tradición posterior como "Santiago el Justo", Santiago es registrado por el historiador judío del siglo I Josefo como habiendo sido ejecutado en Jerusalén en el año 62 d.C. por instigación del sumo sacerdote. La carta que lleva su nombre enfatiza el vínculo inseparable entre la fe y las obras, reflejo de la preocupación pastoral por la santidad práctica y la vida piadosa que caracterizó su liderazgo de la iglesia madre en Jerusalén.