Job era un hombre de la tierra de Uz, irreprensible y recto, uno que temía a Dios y se apartaba del mal, quien soportó una pérdida abrumadora y aun así se aferró a la fe, pasando de oír de Dios por el oído a verlo con sus propios ojos.
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Vida e historia
La historia de Job comienza en la tierra de Uz (עוּץ, H5780), donde vivía un hombre descrito como perfecto y recto, que temía a Dios y se apartaba del mal (אִיּוֹב, H0347). Su nombre está ligado a una prueba iniciada por un miembro de la corte celestial conocido como "el Adversario", el acusador. Este siervo, repetidamente confirmado ante Dios, fue despojado en breve tiempo de todas sus posesiones, sus hijos y su salud, perdiendo todo apoyo externo. En lo profundo de su angustia, Job entró en un extenso diálogo con tres amigos, cuyos discursos abarcaron desde el misterio de la justicia divina hasta el significado del sufrimiento y la fe. Desde el lugar más oscuro, Job clamó: "Yo sé que mi Redentor (גֹּאֲלִי, H1350) vive, y que al fin se levantará sobre la tierra", una declaración anclada por la palabra "vive" (חָי, H2421), que fija la esperanza en un vindicador más allá de la tumba. Al final, Dios respondió a Job desde el torbellino, y Job respondió a toda su lucha con una sola línea: "De oídas te había oído (שְׁמַעְתִּי, H8085), mas ahora mis ojos te ven". Lo que antes había sido relatado, ahora lo encontró en persona. Job fue restaurado con el doble de las bendiciones de sus días anteriores, y su final fue mayor que su principio.