Propósito y llamamiento

La Verdad del Llamamiento: Encontrando Dirección en la Soberanía de Dios

Las palabras de Elíu revelan cómo la justicia y el llamado de Dios nos guían a través de las tormentas de la vida.

BibleVibe Editorial5 min de lectura
Traducción:ESV
Job 34:1-20
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Respondió Eliú y dijo: Oíd, sabios, mis palabras, y los que tienen conocimiento, escuchadme; porque el oído prueba las palabras, como el paladar gusta la comida. Examinemos nosotros mismos cuál es la justicia; sepamos entre nosotros lo que es bueno. Porque Job dijo: «Yo soy justo, y Dios me ha quitado mi derecho. Soy inocente, pero él me hace perecer; no tengo iniquidad, y sin embargo me saca una flecha». ¿Qué hombre hay como Job, que bebe el escarnio como agua; que se pasea con los que hacen iniquidad, y anda con los hombres malos? Porque dijo: «De nada aprovecha al hombre el tener contentamiento con Dios». Por tanto, oídme, varones de discernimiento: Lejos esté de Dios la impiedad, y del Todopoderoso la iniquidad. Porque él da al hombre según su camino, y según la condición de sus caminos le retribuye. Verdaderamente, Dios no hace iniquidad, y el Todopoderoso no pervierte el derecho. ¿Quién le dio a él el gobierno de la tierra? ¿Y quién puso todo el mundo bajo su cuidado? Si él retirase su espíritu hacia sí, y recogiese su aliento para sí, toda carne expiraría juntamente, y el hombre volvería al polvo. Escucha esto, te ruego, Job, y está atento a mis palabras. ¿El que aborrece el juicio ha de gobernar? ¿Y tú condenarás al justo y poderoso? ¿Acaso dirás tú que el rey es impío, y que los príncipes son malos? Dios no hace acepción de personas de príncipes, ni prefiere al pobre al rico; porque todos son obra de sus manos. En un momento mueren los hombres, y a la medianoche los pueblos son turbados y pasan, y los valientes son quitados sin mano ajena. Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre, y ve todos sus pasos. No hay tinieblas, ni sombra de muerte, donde se escondan los que obran iniquidad. No señala al hombre el tiempo de comparecer ante Dios en juicio; porque quebranta a los fuertes sin número, y pone a otros en su lugar. Conoce, pues, sus obras; en una noche es trastornado y son deshechos. Los impíos son heridos y puestos en lugar visible, porque se rebelaron contra él y no quisieron entender ninguno de sus caminos, haciendo que el clamor del pobre viniese ante él, y que oyese la oración de los afligidos. Si él dejare de contender con el hombre, no habrá quien pueda juzgar a las naciones. Cuando él se oculta, ¿quién le verá? Si cubre la faz de la tierra, ¿quién lo podrá reprender? ¿Y cómo podrá entender el hombre su camino? Verdaderamente, Dios hace estas cosas dos y tres veces con el hombre, para apartar su alma del sepulcro y para alumbrarle con la luz de los vivientes. Escucha, Job, y está atento a mí; calla, y yo hablaré. Si tienes algo que decir, respóndeme; habla, porque yo deseo justificarte. Si no, escúchame; calla, y te enseñaré sabiduría. Job, respondió y dijo: Verdaderamente, pequeña cosa es la ciencia que doy de ti; por eso lo hice. Dije: «Oiría yo lo que tú dijeses, y miraría yo hacia ti; mas no sois más que habladores vanos; y consoladores de la aflicción sois todos. ¿Y harás tú vanas mis palabras, y harás que no valgan nada las razones de uno que es justo? ¿Y darás tú tu heredad al que es injusto, y ampararás las causas de los impíos? Clama, pues, ahora, si hay quien te responda; y si hay alguno de los santos a quien tú vuelvas los ojos. No es así: yo veo a Dios delante de mí, y si él probare mi corazón, él se contentará. No caerá sobre mí la saeta de noche, ni ablandará mis carnes el diente del dragón. Me quitaré yo el vestido, y me quitaré la ropa; y ¿qué me resta? ¿Quién me dará la paga que merezco? ¿No es así que él piensa en el hombre, y que toda cosa le viene de Dios? No hay quien pueda contender con Dios, ni que le responda uno de mil. Si él dijere: «Yo te castigaré, mas no por eso dejaré yo de contender contigo», entonces creerás que él no te dará oído, y que no hace caso de tu causa. ¿Y contendrás con él, porque él no da cuenta de ninguna de sus palabras? ¿Y acusarás a Dios, porque así hace? Mas yo, antes que tú respondas, te mostraré que Dios es mayor que el hombre. ¿Por qué, pues, contendes con él, siendo que él no da cuenta de ninguna de sus palabras? Ciertamente, Job abrió su boca vanamente, y multiplicó palabras sin sabiduría. Respondió Eliú, y dijo: Espera un poco, y yo te enseñaré, porque aún tengo razones para Dios. Tomaré yo el conocimiento de lejos, y daré alabanza a mi Hacedor. Ciertamente, Job ha dicho: «Yo soy justo, y Dios me ha quitado mi derecho». ¿Juzgas tú bien? ¿Y dices: «Mi justicia es más que la de Dios»? Cuando dijiste: «¿Qué ventaja tengo yo? ¿Y qué provecho tendré de no pecar?» Yo te responderé, y a tus compañeros también. Mira al cielo, y ve; y considera las nubes, que son más altas que tú. Si pecares, ¿qué le harás tú? ¿Y si tus rebeliones se multiplicaren, ¿qué harás tú contra él? Si fueres justo, ¿qué le darás a él? ¿O qué recibirá de tu mano? La impiedad del hombre es para su daño; y la justicia del hombre es para su vida. Empero, ninguno dice: «¿Dónde está Dios mi Hacedor, el cual da cánticos en la noche; el cual enseña más al animal doméstico que a nosotros, y nos hace más sabios que las aves del cielo?» Allí claman, y él no responde, a causa de la soberbia de los malos. Ciertamente, Dios no oirá la vanidad, ni la mirará el Omnipotente. Aunque dijeres: «No le he conocido», ¿no sabe él lo que tú haces? ¿Y el pensar si eres justo o impío? Esto sabe, Job; no te hagas más sabio que Dios; porque tú has dicho: «Mi justicia es más que la de Dios». Yo te responderé: «Job no habla con sabiduría, y sus palabras son sin prudencia». Deseo, oh Dios, que Job sea probado hasta el límite, por las respuestas que da a los hombres de iniquidad. Porque añade sobre su pecado, y la blasfemia crece en medio de nosotros, y multiplica sus palabras contra Dios.

Job 34:1-20 (ESV) — Discurso de Eliú dirigido a los sabios, defendiendo la justicia y el derecho de Dios en el gobierno del mundo, incluyendo Su trato con la vocación y la conducta de la humanidad.

Narration

Diálogo en la tierra de Uz y la justicia de Dios

El capítulo 34 de Job nos sitúa en lo profundo de los diálogos poéticos del libro, donde finalmente habla un consejero más joven llamado Eliú. Durante treinta y tres capítulos, Job y sus tres amigos—Elifaz, Bildad y Zofar—han luchado con el significado del sufrimiento de Job. Eliú, quien ha escuchado en silencio, ahora se levanta para hablar a los «varones de entendimiento» (v. 10), corrigiendo lo que él considera una peligrosa afirmación de Job: que él es justo y que Dios le ha negado justicia (vv. 5-6). El escenario es la tierra de Uz, la ubicación tradicional de los padrenales de Job, en algún lugar de los territorios orientales más allá de Israel, una región asociada con la literatura sapiencial y la reflexión del antiguo Cercano Oriente sobre el sufrimiento. Históricamente, este diálogo refleja el mundo patriarcal, la era de los padres, antes de la monarquía y antes de la entrega de la Torá en el Sinaí. Teológicamente, Eliú funciona como un puente: afirma la absoluta justicia de Dios, insiste en que «ciertamente Dios no actúa impíamente; el Todopoderoso no pervierte la justicia» (v. 12), y fundamenta esto en la soberanía creadora de Dios: «¿Quién puso la tierra bajo su cuidado? ¿Quién dio orden a todo el mundo?» (v. 13). Su argumento va desde la queja de Job, hasta el carácter moral de Dios, hasta el poder de Dios sobre la vida y el aliento, y finalmente hasta el gobierno imparcial de Dios sobre reyes y nobles por igual (vv. 17-20). Para nuestro tema de propósito y vocación, Eliú insiste en que la vocación humana nunca es autónoma; se desarrolla bajo la mirada de un Dios justo que «paga al hombre según sus obras» (v. 11) y cuyos ojos están sobre «los caminos de todos» (v. 21).

Escenario del Espacio-Tiempo: Del Polvo al Llamamiento

Job capítulo 34 se sitúa durante la era patriarcal en la tierra de Uz, donde Elíhu continúa su discurso sobre la justicia y el propósito de Dios en medio del sufrimiento de Job.

Significado: El llamado tiene su raíz en la soberanía justa de Dios

El discurso de Elihú se dirige hacia una sola tesis: la justicia de Dios es el fundamento de todo llamado humano. Tres movimientos configuran el sentido. Primero, el llamado no puede separarse del carácter. Job es acusado de «beber escarnio como agua» e ir «con los que son malvados» (vv. 7-8), porque lo que una persona persigue revela la forma de su alma. El llamado de Dios no es un destino por el que flotamos; es un camino por el que caminamos, y la dirección del caminar importa. Segundo, el llamado descansa sobre la perfección moral de Dios. «¡Lejos de Dios la maldad, del Shaddai la injusticia!» (v. La compañía de los impíos – La amistad con pecadores arrastra al hombre a su misma suerte: no basta conocer a Dios, hay que huir de la complicidad con el mal. ¿Cuál será el final del impío? ¿Dónde se acumulará lo robado? ¿No es Dios quien ejecuta el juicio divino? «Dios paga a los mortales según sus acciones, y provee a las personas según su conducta» (v. 11). Tercero, el llamado se vive bajo el cuidado omnisciente. «Los ojos de Dios están sobre los caminos de todos, observando cada uno de sus pasos. Ni las tinieblas ni la oscuridad ofrecen lugar de escondite para los malhechores» (vv. 21-22). No hay rincón privado de la vida fuera de la mirada de Dios. El consuelo para el creyente no es que el juicio sea evadido, sino que el Juez es justo. El llamado a seguir a Dios es, por tanto, un llamado a caminar en la luz, porque Aquel que observa es también Aquel que salva: «Así el clamor del pobre es admitido; el clamor del necesitado es oído» (v. 28). El significado, entonces, es este: nuestra dirección en la vida no es una historia autoescrita, sino una respuesta a un Dios justo que ve, que pesa y que escucha el clamor de los humildes.

Aplicación: Discernir la dirección de la vida bajo la justicia de Dios

¿Cómo vivimos esto? Las palabras de Eliu nos impulsan en tres direcciones. (1) Examina la compañía que mantienes. Job es reprendido por hacer 'causa común con los malhechores' (v. 8). El llamado es formado por la comunidad. ¿De quién estás aprendiendo? ¿Las palabras de quién están dando forma a tus deseos? La dirección se desvía cuando nos acercamos a voces que se burlan de lo que es santo. (2) Recibe la corrección como un regalo. Eliu dice: 'El oído examina las razones, como el paladar prueba los alimentos' (v. 3). No todo desafío a nuestro sentido de llamado es persecución; algunos son alimento. El Dios justo puede usar una voz fiel para dirigirnos. (3) Camina como uno que es observado por un Dios justo. 'Los ojos de Dios están sobre los caminos de todos' (v. 21). Esto no es ansiedad de vigilancia, sino claridad de vocación. Si tu trabajo, tus relaciones y tu vida interior son vistas por un Juez justo, entonces la integridad no es opcional: es el aire que respira tu llamado. Prácticamente: comienza tu día reconociendo que tu respiración y tus pasos son dones del Dios que 'dispuso todo el mundo'. Termina tu día preguntando dónde tus pasos se alinearon con Su justicia y dónde no. En el medio, recuerda que los reyes y los nobles no reciben favoritismo (v. 19); tu condición no te exime, pero tampoco tu debilidad te descalifica, porque 'el clamor del necesitado es oído' (v. 28). Tu llamado no es la ausencia de lucha; es la presencia de un Dios justo que oye.

Reflexión

Señor Dios, Shaddai, que ordenas el mundo entero y sostienes en Tus manos el aliento de todo ser viviente, confesamos que a menudo queremos que nuestro llamado se sienta como un camino recto y cómodo. Elíhu nos recuerda que Tus caminos se rigen por una justicia que no diseñamos y de la cual no podemos escapar. Enséñanos a amar esa justicia. Danos oídos que prueben los argumentos como el paladar prueba la comida: que discierne qué nutre al alma de qué lentamente la envenena. Líbranos de la compañía de los que se burlan de Tus caminos, y arrástranos a la compañía de aquellos cuyo clamor Tú oyes. Te damos gracias porque ninguna oscuridad nos esconde de Tu mirada, porque los mismos ojos que vigilan nuestros pasos también oyen el clamor del pobre y del necesitado. Ordena nuestros pasos hoy. Forma nuestra obra. Firme nuestra dirección. Y cuando la noche llegue de repente, como llega para toda carne, que se nos halle fieles: no porque hayamos sido hábiles, sino porque fuimos Tuyos. En el nombre del Justo que un día juzgará con perfecta equidad, Amén.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Eliú, y por qué habla en este momento?

Eliú es el cuarto y más joven amigo de Job, quien ha escuchado en silencio. Finalmente habla porque considera que la autojustificación de Job y su acusación de injusticia divina son errores peligrosos que deben ser corregidos.

¿Cómo se relaciona el discurso de Eliu con el llamado de Dios?

Eliú enfatiza la soberana justicia de Dios y su mirada que todo lo ve, mostrando que la dirección de la vida no es autónoma, sino que se desenvuelve bajo la vista y el juicio de un Dios justo.

Si Dios es justo, ¿por qué sufren los justos?

Eliu no resuelve por completo el misterio del sufrimiento, pero insiste en que la justicia de Dios no debe ser puesta en tela de juicio y en que los caminos del ser humano son sopesados por Dios, quien retribuye según la conducta; todo el libro apunta a un Dios que está más allá de nuestra plena comprensión.

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