La Verdad del Llamamiento: Encontrando Dirección en la Soberanía de Dios
Las palabras de Elíu revelan cómo la justicia y el llamado de Dios nos guían a través de las tormentas de la vida.
Respondió Eliú y dijo: Oíd, sabios, mis palabras, y los que tienen conocimiento, escuchadme; porque el oído prueba las palabras, como el paladar gusta la comida. Examinemos nosotros mismos cuál es la justicia; sepamos entre nosotros lo que es bueno. Porque Job dijo: «Yo soy justo, y Dios me ha quitado mi derecho. Soy inocente, pero él me hace perecer; no tengo iniquidad, y sin embargo me saca una flecha». ¿Qué hombre hay como Job, que bebe el escarnio como agua; que se pasea con los que hacen iniquidad, y anda con los hombres malos? Porque dijo: «De nada aprovecha al hombre el tener contentamiento con Dios». Por tanto, oídme, varones de discernimiento: Lejos esté de Dios la impiedad, y del Todopoderoso la iniquidad. Porque él da al hombre según su camino, y según la condición de sus caminos le retribuye. Verdaderamente, Dios no hace iniquidad, y el Todopoderoso no pervierte el derecho. ¿Quién le dio a él el gobierno de la tierra? ¿Y quién puso todo el mundo bajo su cuidado? Si él retirase su espíritu hacia sí, y recogiese su aliento para sí, toda carne expiraría juntamente, y el hombre volvería al polvo. Escucha esto, te ruego, Job, y está atento a mis palabras. ¿El que aborrece el juicio ha de gobernar? ¿Y tú condenarás al justo y poderoso? ¿Acaso dirás tú que el rey es impío, y que los príncipes son malos? Dios no hace acepción de personas de príncipes, ni prefiere al pobre al rico; porque todos son obra de sus manos. En un momento mueren los hombres, y a la medianoche los pueblos son turbados y pasan, y los valientes son quitados sin mano ajena. Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre, y ve todos sus pasos. No hay tinieblas, ni sombra de muerte, donde se escondan los que obran iniquidad. No señala al hombre el tiempo de comparecer ante Dios en juicio; porque quebranta a los fuertes sin número, y pone a otros en su lugar. Conoce, pues, sus obras; en una noche es trastornado y son deshechos. Los impíos son heridos y puestos en lugar visible, porque se rebelaron contra él y no quisieron entender ninguno de sus caminos, haciendo que el clamor del pobre viniese ante él, y que oyese la oración de los afligidos. Si él dejare de contender con el hombre, no habrá quien pueda juzgar a las naciones. Cuando él se oculta, ¿quién le verá? Si cubre la faz de la tierra, ¿quién lo podrá reprender? ¿Y cómo podrá entender el hombre su camino? Verdaderamente, Dios hace estas cosas dos y tres veces con el hombre, para apartar su alma del sepulcro y para alumbrarle con la luz de los vivientes. Escucha, Job, y está atento a mí; calla, y yo hablaré. Si tienes algo que decir, respóndeme; habla, porque yo deseo justificarte. Si no, escúchame; calla, y te enseñaré sabiduría. Job, respondió y dijo: Verdaderamente, pequeña cosa es la ciencia que doy de ti; por eso lo hice. Dije: «Oiría yo lo que tú dijeses, y miraría yo hacia ti; mas no sois más que habladores vanos; y consoladores de la aflicción sois todos. ¿Y harás tú vanas mis palabras, y harás que no valgan nada las razones de uno que es justo? ¿Y darás tú tu heredad al que es injusto, y ampararás las causas de los impíos? Clama, pues, ahora, si hay quien te responda; y si hay alguno de los santos a quien tú vuelvas los ojos. No es así: yo veo a Dios delante de mí, y si él probare mi corazón, él se contentará. No caerá sobre mí la saeta de noche, ni ablandará mis carnes el diente del dragón. Me quitaré yo el vestido, y me quitaré la ropa; y ¿qué me resta? ¿Quién me dará la paga que merezco? ¿No es así que él piensa en el hombre, y que toda cosa le viene de Dios? No hay quien pueda contender con Dios, ni que le responda uno de mil. Si él dijere: «Yo te castigaré, mas no por eso dejaré yo de contender contigo», entonces creerás que él no te dará oído, y que no hace caso de tu causa. ¿Y contendrás con él, porque él no da cuenta de ninguna de sus palabras? ¿Y acusarás a Dios, porque así hace? Mas yo, antes que tú respondas, te mostraré que Dios es mayor que el hombre. ¿Por qué, pues, contendes con él, siendo que él no da cuenta de ninguna de sus palabras? Ciertamente, Job abrió su boca vanamente, y multiplicó palabras sin sabiduría. Respondió Eliú, y dijo: Espera un poco, y yo te enseñaré, porque aún tengo razones para Dios. Tomaré yo el conocimiento de lejos, y daré alabanza a mi Hacedor. Ciertamente, Job ha dicho: «Yo soy justo, y Dios me ha quitado mi derecho». ¿Juzgas tú bien? ¿Y dices: «Mi justicia es más que la de Dios»? Cuando dijiste: «¿Qué ventaja tengo yo? ¿Y qué provecho tendré de no pecar?» Yo te responderé, y a tus compañeros también. Mira al cielo, y ve; y considera las nubes, que son más altas que tú. Si pecares, ¿qué le harás tú? ¿Y si tus rebeliones se multiplicaren, ¿qué harás tú contra él? Si fueres justo, ¿qué le darás a él? ¿O qué recibirá de tu mano? La impiedad del hombre es para su daño; y la justicia del hombre es para su vida. Empero, ninguno dice: «¿Dónde está Dios mi Hacedor, el cual da cánticos en la noche; el cual enseña más al animal doméstico que a nosotros, y nos hace más sabios que las aves del cielo?» Allí claman, y él no responde, a causa de la soberbia de los malos. Ciertamente, Dios no oirá la vanidad, ni la mirará el Omnipotente. Aunque dijeres: «No le he conocido», ¿no sabe él lo que tú haces? ¿Y el pensar si eres justo o impío? Esto sabe, Job; no te hagas más sabio que Dios; porque tú has dicho: «Mi justicia es más que la de Dios». Yo te responderé: «Job no habla con sabiduría, y sus palabras son sin prudencia». Deseo, oh Dios, que Job sea probado hasta el límite, por las respuestas que da a los hombres de iniquidad. Porque añade sobre su pecado, y la blasfemia crece en medio de nosotros, y multiplica sus palabras contra Dios.
Job 34:1-20 (ESV) — Discurso de Eliú dirigido a los sabios, defendiendo la justicia y el derecho de Dios en el gobierno del mundo, incluyendo Su trato con la vocación y la conducta de la humanidad.