Fe y acción bajo el sol
Cuando el destino parece aleatorio, ¿de dónde viene la confianza? El realismo de Eclesiastés y el llamado a vivir por fe.
Todo esto lo observé, y todo lo confirmé: que las acciones tanto del justo como del sabio dependen de Dios. ¡Hasta el amor! ¡Hasta el odio! El hombre nada sabe de lo que está por venir— ¡nada! Porque a todos les espera la misma suerte: al justo y al impío; al bueno y al puro, y al impuro; al que sacrifica, y al que no sacrifica; al que agrada, y al que desagrada; y al que jura, y al que rehúye los juramentos. He aquí el mal que hay en todo cuanto se hace bajo el sol: que a todos les espera la misma suerte. (Y no solo eso, sino que el corazón de los hombres está lleno de tristeza, y su mente de locura, mientras viven; ¡y luego— con los muertos!) Porque quien es contado entre los vivos tiene algo que esperar— aun un perro vivo es mejor que un león muerto— ya que los vivos saben que han de morir. Pero los muertos nada saben; no tienen ya recompensa, porque hasta su memoria ha muerto. Sus amores, sus odios, sus celos ya desde hace tiempo han perecido; y no tendrán ya parte alguna hasta el fin de los tiempos en todo cuanto se hace bajo el sol. Ve, [hijo mío,] come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegría; porque hace mucho tiempo que Dios aprobó tus obras. Que tus vestidos siempre estén recién lavados, y que tu cabeza nunca carezca de ungüento. Goza de la felicidad con la mujer que amas todos los días efímeros de tu vida que te han sido concedidos bajo el sol— todos tus días efímeros. Porque solo eso es lo que puedes obtener de la vida y de los medios que adquieres bajo el sol. Todo lo que esté en tu poder hacer, hazlo con todas tus fuerzas. Porque no hay acción, ni razonamiento, ni aprendizaje, ni sabiduría en el Seol, adonde tú vas. Observé además bajo el sol queNo la carrera la gana el veloz,Ni la batalla la gana el valiente;Ni el pan se gana por el sabio,Ni la riqueza por el inteligente,Ni el favor por el docto.Porque el tiempo del infortunio llega a todos. Y los seres humanos ni siquiera pueden conocer su tiempo. Como los peces son atrapados en una red fatal, y como las aves quedan presas en un lazo, así los hombres son atrapados en el tiempo de la calamidad, cuando esta les sobreviene sin aviso. Esto también lo observé bajo el sol acerca de la sabiduría, y me afectó profundamente. Había una pequeña ciudad, con pocos hombres en ella; y vino contra ella un gran rey, que la sitió y levantó contra ella grandes obras de asedio. Presente en la ciudad había un hombre pobre y sabio que podría haberla salvado con su sabiduría, pero nadie se acordó de aquel hombre pobre. Así que observé: La sabiduría es mejor que el valor; peroLa sabiduría del pobre es despreciada,Y sus palabras no son atendidas. Las palabras dichas suavemente por los sabios son atendidas antes que las gritadas por un señor en su necedad. La sabiduría vale más que las armas de guerra, pero un solo error destruye mucho valor.
Eclesiastés 9:1-18 nos confronta con la desconcertante realidad de que el justo y el malvado comparten un destino común; sin embargo, dentro de esa dura observación, el Maestro urge a sus lectores hacia una confianza gozosa y sincera en el Dios que ordena aun el amor y el odio. La fe aquí no es una garantía de escapar de la tribulación, sino una confianza firme de que nuestros tiempos y acciones están sostenidos en la mano de Dios.