Propósito y llamamiento

Cuando los jóvenes son llamados a hablar: Encontrando la dirección de la vida en un llamado

La historia de Eliú nos recuerda que el llamado de Dios no depende de la edad, sino de la comprensión que el Espíritu da.

BibleVibe Editorial5 min de lectura
Traducción:ESV
Job 32:1-20
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Estos tres hombres cesaron de responder a Job, pues él se consideraba justo. Entonces Eliú hijo de Baraquel el buzita, de la familia de Ram, se enojó—enojado contra Job porque se tenía por justo delante de Dios. También estaba enojado contra sus tres amigos, porque no hallaban respuesta y solamente condenaban a Job. Eliú esperó el discurso de Job, porque todos eran más viejos que él. Pero cuando Eliú vio que los tres hombres no tenían qué responder, se enojó. Entonces Eliú hijo de Baraquel el buzita respondió diciendo:Tengo pocos años, mientras vosotros sois viejos;Por tanto estaba demasiado asustado y temerosoDe declarar entre vosotros. Pensé: "Que la edad hable;Que los años avanzados declaren cosas sabias." Pero en verdad es el espíritu en los mortales,El aliento de Shaddai, el que les da entendimiento. No son los ancianos los sabios,Los viejos, los que entienden cómo juzgar. Por tanto digo: "Escuchadme;Yo también declararé." Aquí he esperado vuestros discursos,He prestado oído a vuestros argumentos,Mientras vosotros examinabais las cuestiones; Pero mientras yo os escuchaba,Vi que ninguno de vosotros podía argüir con Job,Ni ofrecer respuestas a sus declaraciones. Temo que digáis: "Hemos hallado el camino sabio;Dios lo vencerá, no otra gente." Él no expuso su causa contra mí,Ni yo usaré vuestras razones para responderle. Han sido quebrantados y ya no pueden responder;Las palabras les faltan. He esperado hasta que dejaran de hablar,Hasta que terminaron y ya no respondieron. Ahora yo también quisiera hablar;Yo también quisiera declarar, Porque estoy lleno de palabras;El viento en mi vientre me apremia. Mi vientre es como vino no abierto aún,Como odres de vino nuevo listos a reventar. Déjame hablar, pues, y obtener alivio;Déjame abrir mis labios y responder. Yo no mostraría deferencia a nadie,Ni templaría mi discurso por causa de mortal alguno; Porque yo no sé cómo templar mi discurso;—¡Mi Hacedor pronto me llevaría de aquí!

Job 32:1-20 (ESV) — Eliú, el joven buzita, rompe su silencio después de que los tres amigos ancianos de Job se han quedado sin respuestas. Insiste en que la sabiduría no es propiedad de los ancianos sino un don del Espíritu, y que su sentido de llamado lo compele a hablar.

Narration

Contexto: El polvo de Uz y un debate sin concluir

El libro de Job sitúa su drama en la tierra de Uz, en el borde del desierto oriental. Después de que los tres amigos de Job —Elifaz, Bildad y Zofar— hayan dedicado capítulo tras capítulo a defender la ecuación simplista entre pecado y sufrimiento, se quedan sin argumentos. El versículo 1 nos dice claramente que Job «se consideraba justo», y que los amigos, sin más respuesta posible, «simplemente condenaron a Job». En este punto muerto interviene una cuarta voz: Eliú hijo de Baraquel el buzita, más joven que todos ellos, lleno de ira contra Job por justificarse a sí mismo e igualmente airado contra los amigos por su vacía condenación. Dado que no se proporcionaron fechas candidatas para este pasaje, el contexto más seguro es el período patriarcal/jobiano de la literatura sapiencial, anclado en la tierra de Uz. El testigo externo relevante sobre Job y sus amigos proviene de Josefo, quien en su resumen de las antigüedades hebreas preserva la tradición de que los amigos de Job eran reyes de las regiones circundantes (Antigüedades 1.8.5), lo cual confirma el ambiente internacional y oracular en el que ahora habla Eliú.

Espaciotiempo: Un tabernáculo improvisado en el polvo, y una voz joven

Durante la era patriarcal, Job habitó en la tierra de Uz, una región al oriente de Israel en el antiguo Cercano Oriente, donde luchó con el significado del propósito en medio de un sufrimiento profundo.

Significado: El llamado no es credencial sino entendimiento dado por el Espíritu

El discurso de Elihú es una teología del llamado en miniatura. Él establece un contraste que el resto del Antiguo Testamento hará eco: «No son los ancianos los que son sabios... el aliento del Shaddái es el que les da entendimiento». En una cultura que vinculaba la sabiduría con las canas y el asiento de los ancianos, esto es una revolución silenciosa. Dios no distribuye el llamado por antigüedad; distribuye el entendimiento por Su Espíritu. Tres implicaciones siguen para cualquiera que esté pensando en el propósito y la dirección en la vida. Primero, tu vocación no es validada por la aprobación de las voces mayores que te rodean. Elihú esperó «a causa del discurso de Job» y esperó a través de los discursos de los amigos; no esperó su permiso. Segundo, el llamado se siente como presión. El texto usa imágenes físicas impactantes: «el viento en mi vientre me presiona... como odres de vino nuevo listos a reventar». Un llamado que es genuinamente de Dios rara vez es un silencio cómodo; es una presión interna que exige liberación. Tercero, el llamado involucra responsabilidad ante Dios, no ante las personas. Elihú dice que no adulará a ningún mortal, porque «mi Hacedor pronto me llevaría de aquí» si falsificara su mensaje. Aquel que es llamado responde en última instancia al que llama. Ya sea que tengas veinticinco o sesenta y cinco años, la pregunta no es «¿Soy lo suficientemente viejo?», sino «¿El aliento del Shaddái me ha dado entendimiento, y está el vino listo a reventar?».

Aplica: Tres pasos para establecerse en tu llamado

¿Cómo se traduce el momento de Eliú al proceso ordinario de encontrar la dirección de la vida? Prueba tres prácticas extraídas de sus palabras. (1) Honra el lugar donde te encuentras, pero no dejes que ese lugar defina tu techo. Eliú respetaba la edad de los ancianos, y sin embargo reconoció que su silencio era de por sí un veredicto sobre su sabiduría. El respeto por quienes van delante de ti y la obediencia a una palabra fresca de Dios no son opuestos; el Espíritu a menudo habla a través del más joven para corregir al mayor. (2) Ponle nombre a la presión. Si te sientes como el vino a punto de reventar, esa presión puede ser más diagnóstica que cualquier prueba de personalidad. Dedica una semana a escribir en un diario lo que sigue subiendo dentro de ti: las conversaciones que sigues iniciando, los problemas que sigues intentando resolver, las personas a las que sigues queriendo servir. Los patrones de presión interior son a menudo el contorno de un llamado. (3) Comprométete de antemano con la honestidad por encima de la aprobación. La línea más audaz de Eliú es que no "atemperará su palabra por causa de ningún mortal". Antes de comenzar una vocación, resuelve la cuestión de la audiencia: tú le estás hablando al que te hizo. Esa decisión protege a un llamado de ser lentamente remodelado por el aplauso o la desaprobación de quienes por casualidad son mayores o más ruidosos.

Reflexión

Hay un extraño consuelo en la confesión de Eliú de que él «pensaba» que la edad hablaría, solo para descubrir que el entendimiento es un don. Muchos de nosotros demoramos nuestra obediencia porque nos sentimos poco cualificados: demasiado jóvenes, demasiado viejos, demasiado inexpertos, demasiado sin educación, demasiado quebrantados. El texto desarma suavemente esa demora. El aliento de Shaddai no se raciona por etapa de la vida. El mismo Dios que llenó a Bezalel para la artesanía del tabernáculo, que llenó a David siendo un adolescente en la corte de Saúl, que llenó a María en un pueblo insignificante de Galilea, es el Dios que presiona el viento en el vientre de Eliú en el polvo de Uz. Si sientes la presión hoy —esa insistencia callada de que hay una palabra que estás llamado a llevar o una obra que estás llamado a comenzar—, la pregunta devocional no es «¿Estoy listo?», sino «¿Estoy dispuesto a dejar salir el vino?». Sostén la presión con ligereza, habla con honestidad y confía en que Aquel que da el entendimiento también dará el momento.

Preguntas frecuentes

Si Eliu era joven y había estado esperando, ¿cómo fue confirmada su vocación?

El texto confirma su llamado mediante dos señales: una presión espiritual interior ("el espíritu dentro de mí me compele", "estoy lleno de palabras") y una necesidad exterior (los tres ancianos se han quedado sin respuestas). Cuando la carga interna se alinea con la necesidad externa, Dios a menudo confirma un llamado.

¿Contradice la ira de Eliú su llamado?

La Escritura registra una doble ira: la indignación justa ante la autojustificación de Job y ante la vacía condenación de los amigos. El llamado a menudo incluye santa impaciencia: la ira contra el error puede impulsar la palabra, pero debe ser guiada por la verdad, no por el yo.

¿Qué debo hacer si no estoy seguro de mi llamado?

Sigue el patrón de Elihú: honra a los ancianos que te rodean, pero no permitas que su silencio sea tu límite; atiende a la carga interior recurrente; y resuelve que en última instancia solo respondes ante tu Hacedor. El llamado a menudo se aclara a través del servicio más que de la reflexión solitaria.

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