Fe y confianza

Un Nuevo Comienzo: La Ciudad que Nuestra Fe Anhela

En Apocalipsis 21, los que confían en Dios contemplan la gloria de una ciudad eterna—donde todas las cosas son hechas nuevas.

BibleVibe Editorial5 min de lectura
Traducción:ESV
Apocalipsis 21:1-20
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Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva: porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe. Y vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descendiendo del cielo, de parte de Dios, preparada como una novia adornada para su esposo. Y oí una gran voz que salía del trono, que decía: He aquí, el tabernáculo de Dios está con los hombres, y morará con ellos, y ellos serán sus pueblos, y Dios mismo estará con ellos, y será su Dios: y enjugará toda lágrima de sus ojos; y la muerte no será más; ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor: las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago todas las cosas nuevas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Han acontecido. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas; y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes, e incrédulos, y abominables, y homicidas, y fornicarios, y hechiceros, e idólatras, y todos los mentirosos, tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre; que es la muerte segunda. Y vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, los cuales estaban cargados de las siete plagas postreras; y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la novia, la esposa del Cordero. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la santa ciudad Jerusalén, descendiendo del cielo, de parte de Dios, teniendo la gloria de Dios: su luz era semejante a una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, transparente como cristal: teniendo un muro grande y alto; que tenía doce puertas, y a las puertas doce ángeles; y nombres escritos en ellas, que son los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel: al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y en ellos los nombres de los doce apóstoles del Cordero. Y el que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, y sus puertas, y su muro. Y la ciudad está situada en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios: la longitud, la anchura y la altura de ella son iguales. Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, conforme a la medida de hombre, que es la del ángel. Y el material del muro era jaspe: y la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio puro. Los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda clase de piedras preciosas. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, calcedonia; el cuarto, esmeralda; el quinto, sardónica; el sexto, sardio; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. Y las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era de una sola perla: y la plaza de la ciudad era de oro puro, como vidrio transparente. Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es su templo, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que han sido salificadas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y su honor a ella. Y sus puertas no se cerrarán de día, porque allí no habrá noche. Y traerán la gloria y el honor de las naciones a ella. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira; sino solamente los que están escritos en el libro de la vida del Cordero.

Apocalipsis 21:1–20 describe el descenso de la nueva Jerusalén, una visión destinada a anclar la fe de todo creyente que persevera. Las doce puertas, el brillante jaspe y la promesa de que Dios mismo habitará con su pueblo forman el fundamento de la esperanza y la confianza cristianas.

Narration

Contexto Histórico

El libro de Apocalipsis fue escrito a iglesias del primer siglo que enfrentaban presión, persecución y la tentación de transigir. Juan, el vidente, estaba exiliado en Patmos, y la visión del capítulo 21 sigue al colapso del orden presente—"el primer cielo y la primera tierra pasaron". La tradición apocalíptica judía, arraigada en textos como Isaías 65:17 ("He aquí, yo creo nuevos cielos y nueva tierra"), había preparado durante mucho tiempo al pueblo de Dios para esperar una renovación final. La imaginería de la nueva Jerusalén descendiendo "del cielo, de Dios" hace eco de la visión de Ezequiel de un templo y una ciudad restaurados, ahora cumplidos escatológicamente. Los padres de la iglesia primitiva como Ireneo (Contra las herejías 4.20) entendieron este pasaje como la promesa de Dios de deshacer la maldición traída por la Caída. La fe en el primer siglo no era mero asentimiento intelectual; era alianza costosa—los creyentes arriesgaban familia, sustento y vida. En ese crisol, la visión de Juan ofreció una ciudad cuyos fundamentos descansan sobre la fidelidad misma de Dios.

El panorama del cielo

Ambientada a finales del primer siglo d.C. en la isla de Patmos, donde el apóstol Juan recibió la visión apocalíptica enviada a las iglesias de Asia Menor.

El significado de la fe y la confianza

La fe no es un optimismo ciego; son los ojos que ven lo que Juan vio. La voz desde el trono declara: «He aquí, yo hago nuevas todas las cosas», y luego añade: «Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas». La fe recibe esa declaración como cierta. La confianza descansa sobre el carácter del que habla —el Alfa y la Omega, el principio y el fin—. Observa cómo la visión une la soberanía divina con la respuesta humana: «El que venciere heredará todas las cosas; y yo seré su Dios, y él será mi hijo». La herencia fluye de la fidelidad, y la fidelidad fluye de la confianza. Los fundamentos de la ciudad no son nuestros méritos, sino el pacto de Dios. Tener fe en este texto es creer que el mismo Dios que enjugó toda lágrima es el Dios que sostiene tu hoy. La confianza es el puente entre el gemido presente y la gloria venidera. Isaías 65:19 nos asegura que en esa ciudad «no se oirá más voz de llanto»; 2 Pedro 3:13 nos llama a vivir ahora como ciudadanos de ese futuro. La fe se aferra tanto a la promesa como al Promisor.

Vivirlo Hoy

¿Cómo vivimos como personas de fe y confianza en un mundo que aún tiene mares y lágrimas? Primero, fijando nuestra mirada en la realidad sin velo. Cuando el sufrimiento te tiente a dudar, recuerda que Juan escribió estando exiliado, y aun así vio la ciudad. Segundo, negándonos a conformarnos. Las puertas están abiertas para los que vencen; el llamado no es a replegarse, sino a seguir adelante con perseverancia. Tercero, encomendando tus pérdidas más profundas al que enjuga toda lágrima. Puede que aún no veas la ciudad, pero puedes vivir como si su luz ya te hubiera alcanzado, permitiendo que la paciencia, la generosidad y la esperanza marquen tus días. Cuarta, reuniéndote con la comunidad de las doce puertas. La fe no es solitaria; es la confesión compartida de que Jesús es fiel y sus palabras son verdaderas. Finalmente, bebiendo ya de la fuente del agua de la vida. La sed que Él promete saciar comienza en esta vida mediante la oración, la Palabra y el Espíritu. Confía en Él para el día de hoy; Él será fiel para el mañana.

Reflexión

Imagina estar de pie en aquella montaña junto a Juan. El aire está quieto. Abajo, el viejo mundo se ha plegado como un pergamino, y arriba, la nueva Jerusalén desciende en un silencio luminoso. Casi puedes escuchar las puertas—doce de ellas—abriéndose de par en par para cada tribu y nación. Casi puedes sentir la luz que no es luz del sol. Y entonces oyes la voz de nuevo: «Yo hago nuevas todas las cosas». En ese momento, la fe deja de ser una doctrina y se convierte en un hogar. Las lágrimas que has derramado esta noche, la oración que susurraste esta mañana, la fidelidad callada de tus días ordinarios—todo está, de alguna manera, entretejido en los muros de aquella ciudad. No la viste siendo construida, pero confiaste en el Constructor. Esa confianza es, en sí misma, uno de sus cimientos. Descansa esta noche en la confianza de que Aquel que comenzó una buena obra en ti la completará en aquel día. Él es fiel, desde el Alfa hasta la Omega, y sus palabras son verdaderas.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre fe y confianza en el Salmo 116?

La fe (信心) es el contenido que creemos: las promesas de Dios; la confianza (信靠) es el acto de poner nuestras vidas en las manos del Dios que las pronuncia.

¿Por qué no hay mar en la nueva Jerusalén?

El mar simboliza el caos y la separación en la Escritura; su ausencia señala que todo desorden ha sido aquietado por la presencia de Dios.

¿Cómo deben vivir hoy los cristianos la visión de Apocalipsis 21?

Vivid en santidad paciente, confiando en el Dios cuyas promesas son fieles, aun en medio de las lágrimas de hoy.

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