Fe en la Puerta Hermosa: Plata y Oro No Tengo, Pero Lo Que Tengo Te Doy
Cuando Pedro se encuentra con el hombre cojo a la puerta del templo, la fe no es esperar plata: es confiar en el nombre del Señor resucitado.
Pedro y Juan. Algunas introducciones son variaciones del texto que se acaba de exponer. Pero en todo caso pueden tenerse en cuenta. Las mismas pueden ser: Notas para la exposición: Como dice la Exposición: "Como el relato se encuentra en la página tal, está al pie de la página. Algunos autores han dicho de él que es un texto tal como el que se encuentra en la página tal. Sin embargo, otros dicen que es un texto que se encuentra en la página tal como se dijo anteriormente. Pero en todo caso se pueden tener en cuenta." Pero en todo caso se pueden tener en cuenta. Notas para el texto: Como dice el texto: "Pedro y Juan subían al templo a la hora de la oración, a la hora novena. Y un hombre que era cojo desde el vientre de su madre era llevado, al cual ponían cada día a la puerta del templo que se llama Hermosa, para pedir limosna a los que entraban en el templo; quien viendo a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, pidió que le diesen una limosna. Y Pedro, fijando los ojos en él, con Juan, dijo: Mira hacia nosotros. Y él les prestó atención, esperando recibir algo de ellos. Entonces Pedro dijo: Plata y oro no tengo; pero lo que tengo, eso te doy. En el nombre de Jesús de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole de la mano derecha, le levantó: y al instante sus pies y sus tobillos fueron fortalecidos. Y saltando, se puso en pie, y comenzó a andar; y entró con ellos en el templo, andando, saltando y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. Y le reconocían, que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta Hermosa del templo; y quedaron llenos de asombro y de admiración por lo que le había acontecido. Y teniendo él asidos a Pedro y a Juan, todo el pueblo corrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón, altamente maravillados. Y cuando Pedro lo vio, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué fijáis los ojos en nosotros, como si por nuestra propia virtud o piedad hubiésemos hecho que este hombre anduviese? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Siervo Jesús, a quien vosotros entregasteis y renunciasteis ante la presencia de Pilato, cuando él había determinado soltarle. Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os concediese un homicida; y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios resucitó de los muertos; de lo cual nosotros somos testigos. Y por la fe en su nombre, su nombre ha dado a este hombre esta perfecta sanidad en presencia de todos vosotros. Y ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros príncipes. Pero las cosas que Dios antes mostró por la boca de todos los profetas, que su Cristo había de padecer, así las ha cumplido. Arrepentíos pues, y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y envíe a Cristo, que os fue antes anunciado, a Jesús; al cual es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas desde el principio. Y Moisés dijo: Un profeta os levantará el Señor Dios de entre vuestros hermanos, como yo; a él oiréis en todas las cosas que os hablare. Y acontecerá que toda alma que no oyere a aquel profeta, será desarraigada del pueblo. Y también todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, han anunciado estos días. Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: Y en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Siervo Jesús, lo ha enviado para que os bendiga, al convertirse cada uno de vosotros de sus maldad.
Hechos 3:1–20 registra a Pedro y Juan subiendo al templo a la hora novena (3 p.m.), la hora tradicional de oración (cf. Salmo 55:17). En la Puerta Hermosa se encuentran con un hombre lisiado de nacimiento que mendiga diariamente. Pedro declara: «Plata y oro no tengo; pero lo que tengo, eso te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda». El hombre es sanado, salta y entra al templo alabando a Dios. Entonces Pedro predica: no fue el poder de ellos sino «la fe en su nombre» lo que fortaleció al hombre. Nótese cómo Pedro fundamenta el milagro en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, y centra el sermón en el Mesías crucificado y resucitado: «el Autor de la vida, a quien Dios resucitó de los muertos».