Ante el Señor del Sábado, confiando más que calculando
Cuando los fariseos midieron a Jesús según sus reglas, Él respondió con poder, misericordia, y una noche de oración—revelando que la verdadera fe descansa en la bondad del Padre.
Aconteció un día de reposo, que iba por los sembrados, y sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos. Entonces algunos de los fariseos dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de reposo? Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, qué hizo David cuando tuvo hambre, él y los que con él estaban; cómo entró en la casa de Dios, y tomó y comió los panes de la proposición, y dio también a los que con él estaban, los cuales no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes? Y les decía: El Hijo del hombre es Señor aun del día de reposo. Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía la mano derecha seca. Y los escribas y los fariseos le miraban, si sanaría en el día de reposo, para hallar de qué acusarle. Pero él conocía los pensamientos de ellos, y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien o hacer mal? ¿Salvar una vida o quitarla? Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada. Y ellos se llenaron de furor, y hablaban unos con otros sobre lo que podrían hacer contra Jesús. Aconteció en aquellos días, que él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando fue de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: a Simón, al cual también llamó Pedro, y a Andrés, su hermano, y a Jacobo y a Juan, y a Felipe y a Bartolomé, y a Mateo y a Tomás, y a Jacobo hijo de Alfeo, y a Simón el llamado Zelote, y a Judas hermano de Jacobo, y a Judas Iscariote, el que también fue el traidor. Y descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano, junto a una gran multitud de sus discípulos, y una gran concurrencia del pueblo de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido a oírle y a ser sanados de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos eran sanados. Y toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él poder sanador, y sanaba a todos. Entonces él, alzando los ojos a sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os ultrajen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Gozaos y regocijaos en aquel día; porque he aquí, vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas. Pero ¡ay de vosotros, los ricos! porque tenéis vuestra consolación. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. ¡Ay de vosotros cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas. Pero a vosotros los que oís, digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os injurian. Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun el abrigo le niegues. A todo el que te pida, dale; y al que te tome lo tuyo, no se lo reclames. Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles vosotros también. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que les aman. Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será grande vuestro galardón, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando derramarán en vuestro regazo. Porque con la misma medida con que midáis, os volverán a medir. Y les decía también una parábola: ¿Acaso puede el ciego guiar al ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro. ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no consideras la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, cuando tú mismo no ves la viga que está en tu ojo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.
Lucas 6:1-20 reúne tres escenas: la disputa en el sembrado, la sanación de la mano paralizada y la elección de los Doce después de una oración que duró toda la noche. Juntas forman un retrato de Jesús como Señor del sábado: uno que define lo que es lícito, que sana en el día santo y que edifica su comunidad a partir de la comunión íntima con el Padre.