Ezequiel fue un sacerdote-profeta llevado al exilio babilónico en el siglo VI a.C., quien recibió visiones divinas junto al río Quebar y fue comisionado para proclamar las palabras de Dios de juicio y restauración a la comunidad exiliada de Israel.
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Vida e historia
Ezequiel, cuyo nombre significa "Dios fortalece" (יְחֶזְקֵאל), provenía de una familia sacerdotal y formaba parte de la elite de Judá deportada a Babilonia junto con el rey Jeconías. Alrededor del quinto año del exilio, mientras vivía entre los cautivos junto al río Quebar, experimentó la apertura del cielo y contempló visiones de Dios, un evento que marcó su comisión profética. En estas visiones vio a los seres vivientes y las ruedas que significaban la majestad y movilidad de la presencia de Dios, y oyó que el Señor se dirigía a él como "Hijo de Hombre", un título que subrayaba tanto su fragilidad humana como su rol de mensajero divino. Dios lo designó como atalaya de la casa de Israel, encargándole proclamar la palabra del Señor sin importar si el pueblo escucharía o no. A lo largo de los años del exilio, Ezequiel cumplió este exigente llamado con fidelidad notable. Mediante visiones del templo contaminado de Jerusalén y de su destrucción inminente, proclamó el juicio de Dios; sin embargo, también declaró mensajes de esperanza a los exiliados desanimados. A través de él, el Señor comunicó verdades concernientes a la responsabilidad individual, la renovación moral y la certeza de una restauración futura, permitiendo que la comunidad cautiva permaneciera firme en la fe mientras vivía en tierra extraña. En una visión posterior, el Espíritu del Señor transportó a Ezequiel a un valle lleno de huesos, donde fue testigo de la impresionante escena de huesos secos que volvían a la vida. Esta visión se convirtió en un poderoso símbolo de la restauración de Israel desde el exilio y prefigura la resurrección escatológica del pueblo de Dios. Dios prometió colocar Su Espíritu en ellos para que vivieran y se establecieran nuevamente en su propia tierra. Las profecías de Ezequiel resuenan con el sufrimiento mesiánico retratado en la descripción isaiana del Siervo sufriente y con la restauración prometida en Jeremías 29:11, uniéndose a los demás profetas para testificar que el Señor, aun en el juicio, permanece fiel a Su pacto y está preparando la redención final.