Bajo el sol, solo la fe permanece
Cuando Salomón probó todo placer y logro que la vida podía ofrecer, descubrió que sin confianza en Dios, el corazón permanece vacío.
Dije para mí: «Vamos, voy a provocarte con alegría. ¡Prueba el placer!» Pero he aquí que también esto era vanidad. Del regocijo dije: «¡Es locura!» De la alegría: «¿De qué sirve?» Ensayé entonces tentar mi carne con vino, mientras mi corazón me guiaba con sabiduría, para darme a la locura, hasta que diese en saber cuál es la mejor ocupación que el hombre puede realizar en los contados días de su vida bajo el cielo. Engrandecí mis obras: me edifiqué casas, planté viñas; me hice jardines y huertos, y planté en ellos toda clase de árboles frutales; me hice estanques de aguas, para regar con ellos el bosque donde crecían los árboles. Compré esclavos y esclavas, y tuve siervos nacidos en casa; tuve también rebaños de ganado mayor y menor, más que cuantos me habían precedido en Jerusalén. Acumulé plata y oro, y las riquezas de los reyes y de las provincias; me procuré cantores y cantoras, y los deleites de los hijos de los hombres: copas y vasos de gran valor. Así crecí y me engrandecí más que cuantos me habían precedido en Jerusalén; y, además, la sabiduría se quedó conmigo. No privé a mis ojos de nada que deseasen, ni privé a mi corazón de placer alguno, deleitándose mi corazón en todo mi trabajo; y esto fue mi recompensa de todo mi trabajo. Entonces volví la mirada hacia todas las obras que mis manos habían hecho y hacia el trabajo que me había costado hacerlas: ¡todo era vanidad y atrapar viento; no había ventaja alguna bajo el sol! ¿Qué será del hombre que sucederá al rey en una obra ya hecha? Y me apliqué a conocer la sabiduría y a conocer la locura y la necedad; y aprendí que aun esto es afanarse tras el viento. Porque donde hay mucha sabiduría hay mucha ira, y quien aumenta la ciencia aumenta el dolor. Dije entonces para mí: «¡Vamos, voy a probar la alegría y a gozar de bienes!» Mas he aquí que también esto era vanidad. De la risa dije: «¡Es locura!» Y de la alegría: «¿De qué sirve?» ¿Qué queda al hombre de todo su trabajo y del esfuerzo que hace bajo el sol? Sus días son todos dolor, y su trabajo, fatiga; ni de noche descansa su corazón. También esto es vanidad. No hay nada mejor para el hombre que comer y beber, y hacer gozar a su alma del bien de su trabajo. Yo vi que esto también viene de la mano de Dios. Porque, ¿quién puede comer y gozar sin Él? Al hombre que le place, Él le da sabiduría y ciencia y gozo; mas al pecador le da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que place a Dios. También esto es vanidad y atrapar viento.
Eclesiastés 2:1-20 registra el gran experimento de Salomón: risa, vino, grandes proyectos de construcción, jardines, esclavos, plata, oro, cantores y todo lujo posible; sin embargo, cada empresa termina con el veredicto de que fue «vana, persecución del viento». La sabiduría resulta mejor que la necedad, pero aun el sabio comparte la suerte del necio. El pasaje prepara el terreno para la fe: el logro humano, por magnífico que sea, no puede sostener el peso del alma.