La confianza de la reina: fe y fidelidad en Proverbios 31
En la admonición de la madre de Lemuel, una mujer de fe demuestra confianza hacia Dios, su esposo y los necesitados.
Las palabras de Lemuel, rey de Masa, con las que su madre lo reprendió: No, hijo mío; no, hijo de mis entrañas; no, hijo de mis votos. No entregues tu vigor a las mujeres, ni tu fuerza a las que destruyen a los reyes. No es el vino para los reyes, oh Lemuel, ni para los reyes el licor, ni para los príncipes la bebida fuerte. No sea que bebiendo olviden lo ordenado y perviertan el derecho de los pobres. Dad licor al desfallecido, y vino al de amargado ánimo. Que beban y olviden su miseria, y no se acuerden más de su tormento. Abre tu boca a favor del mudo, en defensa de todos los desamparados. Abre tu boca, juzga con justicia, defiende la causa del pobre y del necesitado. א ¡Cuán dichosa es la mujer virtuosa! Su valor excede mucho al de las piedras preciosas. ב El corazón de su marido confía en ella, y no tendrá falta de ganancia. ג Bien le hará, y no mal, todos los días de su vida. ד Busca lana y lino, y con voluntad trabaja con sus manos. ה Es como nave de mercaderes; trae su pan de lejos. ו Se levanta aun de noche, y da comida a su familia, y ración a sus criadas. ז Considera la heredad, y la compra, y planta viña del fruto de sus manos. ח Ciñe sus lomos de fortaleza, y esfuerza sus brazos. ט Ve que van bien sus negocios; su lámpara no se apaga de noche. י Aplica su mano al huso, y sus manos al torno. כ Abre su mano al pobre, y alarga sus manos al necesitado. ל No tiene temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles. מ Ella se hace cobertores de tapicería; de lino fino y púrpura es su vestido. נ Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra. ס Hace telas, y las vende, y da cintas al mercader. ע Fortaleza y honra son su vestidura; y se ríe de lo por venir. פ Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua. צ Considera los caminos de su casa, y no come el pan de la ociosidad. ק Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada; su marido también la alaba: ר «Muchas mujeres han obrado bien, mas tú sobrepasas a todas.» ש Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada. ת Dadle del fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus obras.
Proverbios 31 se abre con el oráculo maternal de la madre de Lemuel, que advierte a su hijo real contra los senderos destructivos del placer sensual y el gobierno injusto. Los versículos 10–20 luego trazan el retrato de la «mujer de sustancia» (אשת חיל, 'eshet chayil), cuyo marido «pone en ella su confianza» (hebreo: ובוטח בה, v'votach bah). Esta confianza no es un optimismo ingenuo, sino el fruto de su fidelidad demostrada: se levanta antes del alba, abastece a su hogar, extiende sus manos al pobre y habla con sabiduría. Su confianza y confiabilidad forman una sola ecología moral: ella confía en el ordenamiento que el Señor hace de su día, y su casa puede confiar en ella a su vez.