Cuando la confianza tiembla: El corazón vigilante y los pies firmes
Proverbios 6:1–20 alinea la trampa del aval precipitado, el desplome de la pereza y las siete cosas que el Señor aborrece—mostrando que la fe solo se mantiene en pie donde la vigilancia y la guarda de los mandamientos la sostienen erguida.
Hijo mío, si has salido fiador por tu prójimo,Si has dado tu mano por otro, Te han atrapado las palabras de tu boca,Enredado por las palabras de tu boca. Haz esto entonces, hijo mío, para librarte,Pues has caído en manos de tu prójimo:Ve y humíllate –y suplica a tu prójimo; No des sueño a tus ojos,Ni dormitación a tus párpados. Líbrate como el gazapo de la mano del cazador,Como el ave de la mano del pajarero. Perezoso, ve a la hormiga;Observa sus caminos y sé sabio. Sin tener jefe, oficial, ni señor, Prepara en el verano su comida,Y recoge en la siega su mantenimiento. ¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado?,¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poquito más de sueño, un poquito más de dormitar,Un poquito más de cruzar las manos sobre el pecho, Y vendrá sobre ti como caminante la pobreza,Y tu necesidad como hombre armado. Hombre depravado, hombre malo,Camina con perversidad en la boca; Guiña los ojos,Patea con los pies,Señala con el dedo. Con perversidad hay en su corazón;Maquina el mal todo el tiempo;Siembra discordias. Por tanto, vendrá de improviso su calamidad;De repente será quebrantado sin remedio. Seis cosas aborrece SEÑOR,Y siete son abominación a su alma: Los ojos altivos,La lengua mentirosa,Las manos que derraman sangre inocente, El corazón que maquina iniquidades,Los pies que corren presurosos al mal, El falso testigo que dice mentiras,Y el que siembra discordia entre hermanos. Hijo mío, guarda el mandamiento de tu padre,Y no abandones la enseñanza de tu madre. Átalos perpetuamente a tu corazón;Enlázalos a tu cuello. Cuando camines, te guiarán;Cuando te acuestes, te custodiarán;Y cuando despiertes, hablarán contigo. Porque el mandamiento es lámpara,Y la enseñanza es luz,Y camino de vida son las reprensiones que disciplinan. Te guardarán de la mujer mala,De la suavidad de la lengua de la adúltera. No codicies su hermosura en tu corazón,Ni te prenda con sus pestañas. Por la prostituta se reduce el pan hasta un pedazo de pan;Y la adúltera caza la preciosa vida del hombre. ¿Tomará el hombre fuego en su seno,Sin que sus vestidos se quemen? ¿Andará el hombre sobre brasas,Sin que sus pies se abrasen? Así el que entra a la mujer de su prójimo;No quedará impune el que la toquiere. No se estiman en mucho al ladrón,Si hurta para saciarse cuando tiene hambre; Pero con todo, si es sorprendido,Restituirá siete veces;Tendrá que dar todo el bien de su casa. El que comete adulterio es falto de entendimiento;El que así hace, destruye su propia alma. Hallará golpe y oprobio,Y su afrenta nunca será borrada. Porque el celo y la ira del marido no perdonarán,Ni se aplacarán por muchas dádivas. No aceptará ninguna compensación,Ni se contentará aunque le dones muchos dones.
Una sola sección de capítulo que entrelaza tres advertencias: no te enredes saliendo fiador de tu prójimo (vv. 1–5), no te deslices hacia la pobreza durmiendo cuando deberías trabajar (vv. 6–11), y no confundas el hablar suave ni las miradas astutas con sabiduría (vv. 12–19). El texto luego gira en los vv. 20–24 hacia el remedio: guarda el mandamiento paterno atado sobre tu corazón. La confianza, en este pasaje, no es un optimismo sentimental; es el alma disciplinada que se rehúsa a avalar lo que Dios no le ha pedido que avale, se rehúsa a dormitar mientras la hormiga almacena, y se rehúsa a guiñar el ojo cuando la verdad demanda un rostro serio.