El corazón del necio y el Dios viviente: de la fe a la confianza
Salmo 14 revela una verdad espiritual: la verdadera fe no es conocer que Dios existe, sino vivir una vida que camina con Él.
Para el director. De David. El villano piensa: «Dios no hace caso». Las obras humanas son corruptas y abominables; nadie hace el bien. DIOS mira desde el cielo a los seres humanos para encontrar a alguien con entendimiento, a alguien que tenga presente a Dios. Todos se han pervertido, todos están corrompidos; no hay quien haga el bien, ni siquiera uno. ¿Son tan necios todos esos malhechores, que devoran a mi pueblo como devoran alimento, y no invocan a DIOS? Allí serán presa del terror, porque Dios está presente en la reunión de los justos. Podéis frustrar el consejo de los humildes, pero DIOS es su refugio. ¡Ojalá la liberación de Israel viniera de Sión! Cuando DIOS restaure la suerte de su pueblo fiel, Jacob se regocijará, Israel se alegrará.
Salmo 14 es un salmo de David que contrasta al «necio» (hebreo nabal) que niega la preocupación moral de Dios con el remanente que se refugia en Él. Aunque la humanidad es universalmente corrupta, la presencia de Dios con los justos y Su promesa de restauración desde Sion forman el fundamento de la confianza. El salmo reaparece en el Salmo 53, y Pablo cita los versículos 1–3 en Romanos 3:10–12 para subrayar la pecaminosidad universal.