Entre serpientes y lazos: La fe y la confianza en el Salmo 140
Cuando las lenguas enemigas silban como serpientes y las conspiraciones se extienden como redes por todos lados, la oración de David es modelo de fe genuina: no la calma de circunstancias favorables, sino la confianza en el Dios que defiende al pobre y hace callar al malvado.
Para el director. Un salmo de David. Líbrame, oh Eterno, de los malhechores; sálvame de los adversarios sin ley, cuyas mentes están llenas de planes malvados, que traman guerra cada día. Aguzan sus lenguas como serpientes; veneno de arañas está en sus labios. Selah. Oh Eterno, mantenme fuera de las garras de los impíos; sálvame de los adversarios sin ley que traman hacerme caer. Los arrogantes pusieron trampas con cuerdas para mí; extendieron una red a lo largo del camino; me pusieron lazos. Selah. Dije a Dios: Tú eres mi Dios; escucha, oh Eterno, mis súplicas de misericordia. Oh Dios, mi Soberano, fortaleza de mi liberación, Tú protegiste mi cabeza en el día de la batalla. Oh Eterno, no concedas los deseos de los impíos; no dejes que su plan tenga éxito, no sea que se exalten. Selah. Que las cabezas de los que me acosan sean cubiertas con la maldad de sus labios. Que caigan sobre ellos brasas de fuego, y sean arrojados a fosos, para no levantarse jamás. Que los calumniadores no tengan lugar en la tierra; que la maldad de los impíos los arrincone. Yo sé que Dios defenderá la causa de los pobres, el derecho de los necesitados. Los justos seguramente alabarán Tu nombre; los rectos habitarán en Tu presencia.
El Salmo 140 es un salmo de oración en el cual David clama pidiendo ser librado de oponentes violentos y maquinadores. La tradición hebrea lo sitúa entre los últimos salmos davídicos (los últimos siete salmos, 140–146). El salmo avanza a través de tres pausas marcadas con Selah, cada una puntuando un movimiento de confianza: súplica por liberación (vv. 1–5), confesión de fe e imprecación (vv. 6–11), y seguridad confiada en la justicia de Dios (vv. 12–13).