Cuando Dios es fiel y el hombre no
Romanos 3:23 hace callar toda boca bajo pecado, y muestra que solo la fidelidad de Dios puede hacernos estar firmes.
¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o qué aprovecha la circuncisión? Mucho en todas las maneras: primeramente, que les ha sido confiada la palabra de Dios. Porque, ¿qué si algunos fueron infieles? ¿Su infidelidad hará nula la fidelidad de Dios? De ninguna manera: antes bien, sea Dios verdadero, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, Y venzas cuando de ti se hablare. Y si nuestra injusticia hace resplandecer la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Es injusto Dios que da castigo de ira? (Hablo como hombre.) En ninguna manera: porque entonces, ¿cómo juzgará Dios al mundo? Y si la verdad de Dios por mi mentira abundó para su gloria, ¿por qué soy yo también todavía juzgado como pecador? ¿Y por qué no decir (como se nos calumnia en algunas cosas, y como algunos dicen que nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes? La condenación de los cuales es justa. ¿Qué pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? No, en ninguna manera: porque ya hemos antes demostrado que tanto los judíos como los gentiles, todos están bajo pecado; como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios; Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno: Sepulcro abierto es su garganta; Con sus lenguas han engañado; Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Llena está su boca de maldición y de amargura; Sus pies son ligeros para derramar sangre; Destrucción y miseria hay en sus caminos; Y no han conocido la vía de la paz; No hay temor de Dios delante de sus ojos. Ahora bien, nosotros sabemos que todo lo que la ley dice, a los que están bajo la ley lo dice, para que toda boca se cierre, y todo el mundo esté bajo el juicio de Dios: porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante de él; porque por la ley es el conocimiento del pecado. Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, testificada por la ley y por los profetas; esto es, la justicia de Dios por la fe en Jesucristo, para todos los que creen; porque no hay diferencia: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios; siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús; al cual Dios ha presentado como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, por la remisión de los pecados pasados, en la tolerancia de Dios; para manifestar, digo, su justicia en este tiempo presente, para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Excluida es. ¿Por cuál ley? ¿Por la ley de las obras? No; sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley. ¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Sí, también de los gentiles: porque Dios es uno, el cual justificará por la fe a los de la circuncisión, y por la fe a los de la incircuncisión. ¿Luego por la fe invalidamos la ley? De ninguna manera: antes bien, confirmamos la ley.
Romanos 3:1–20 expone el argumento de Pablo de que la ventaja del judío de tener las promesas de Dios no puede salvar a nadie si falta la fe, porque la fidelidad de Dios supera la infidelidad humana — y todas las personas, tanto judíos como griegos, quedan convictos ante un Juez santo.