Entre el fuego y el agua: libertad y consuelo en el sufrimiento
Cuando el dolor parece probar que Dios está lejos, el Eclesiástico enseña que el Señor jamás ha mandado la impiedad. El sufrimiento no es su indiferencia: es consecuencia de nuestras y una invitación a retornar a la Sabiduría.
El hombre que teme al Señor hará esto, y el que se aferra a la ley obtendrá sabiduría. Ella vendrá a su encuentro como una madre, y como la esposa de su juventud le dará la bienvenida. Lo alimentará con el pan del entendimiento, y le dará a beber el agua de la sabiduría. Él se apoyará en ella y no caerá, y confiará en ella y no será avergonzado. Ella lo exaltará sobre sus vecinos, y abrirá su boca en medio de la asamblea. Encontrará gozo y una corona de regocijo, y adquirirá un nombre eterno. Los hombres insensatos no la obtendrán, y los pecadores no la verán. Ella está lejos de los hombres soberbios, y los mentirosos jamás pensarán en ella. Un himno de alabanza no es apropiado en los labios del pecador, porque no ha sido enviado por el Señor. Pues un himno de alabanza debe ser expresado con sabiduría, y el Señor lo hará prosperar. La Libertad de Elección No digas: «Por causa del Señor abandoné el camino recto»; pues él no hará lo que aborrece. No digas: «Fue él quien me extravió»; pues él no tenía necesidad de un hombre pecador. El Señor aborrece todas las abominaciones, y no son amadas por los que le temen. Él fue quien creó al hombre en el principio, y lo dejó en poder de su propia inclinación. Si quieres, puedes guardar los mandamientos, y actuar con fidelidad es asunto de tu propia elección. Ha puesto delante de ti fuego y agua: extiende tu mano hacia lo que prefieras. Delante del hombre están la vida y la muerte, y cualquiera que elija le será dado. Porque grande es la sabiduría del Señor; es poderoso en fuerza y lo ve todo; sus ojos están sobre los que le temen, y conoce toda obra del hombre. Él no ha mandado a nadie ser impío, y no ha dado a nadie permiso para pecar.
Eclesiástico 15:11-20 subraya que Dios ha concedido la libertad humana, poniendo ante nosotros la vida y la muerte. Este encuadre es crucial para el tema del sufrimiento: el dolor no es un destino impuesto por una deidad distante, sino que está ligado a la libertad moral que el mismo Dios ha otorgado.