Fidelidad en tierra extraña: el camino del consuelo a través del sufrimiento
Los años de exilio de Tobías muestran que cuando el pueblo de Dios se aferra a la piedad en medio del sufrimiento, el dolor mismo se convierte en el suelo donde se conoce Su presencia.
El libro de los hechos de Tobit, hijo de To′biel, hijo de Anan′iel, hijo de Ad′uel, hijo de Gab′ael, de los descendientes de As′iel y de la tribu de Naph′talí, quien en los días de Shalmane′ser, rey de los asirios, fue llevado cautivo desde Tisbe, que está al sur de Cades de Naph′talí, en Galilea, al norte de Aser. Juventud y vida virtuosa de Tobit Yo, Tobit, anduve en los caminos de la verdad y de la justicia todos los días de mi vida, y realicé muchas obras de caridad con mis hermanos y compatriotas que fueron conmigo a la tierra de los asirios, a Ninive. Ahora bien, cuando yo estaba en mi propia tierra, en la tierra de Israel, siendo aún joven, toda la tribu de Naph′talí, mi antepasado, abandonó la casa de Jerusalén. Este era el lugar que había sido elegido de entre todas las tribus de Israel, donde todas las tribus habían de ofrecer sacrificios y donde el templo de la morada del Altísimo fue consagrado y establecido para todas las generaciones por siempre. Todas las tribus que se unieron a la apostasía solían ofrecer sacrificios al becerro de Ba′al, y así lo hacía la casa de Naph′talí, mi antepasado. Pero yo solo iba con frecuencia a Jerusalén para las fiestas, según está ordenado para todo Israel por un decreto eterno. Tomando los primeros frutos y los diezmos de mis cosechas y las primeras esquilaciones, se las daba a los sacerdotes, los hijos de Aarón, junto al altar. De todos mis productos daba un décimo a los hijos de Leví que ministraban en Jerusalén; un segundo décimo lo vendía, y luego iba y gastaba el producto cada año en Jerusalén; el tercer décimo lo daba a aquellos a quienes era mi deber, como me había mandado Deb′orah, la madre de mi padre, porque yo había quedado huérfano de padre. Cuando me hice hombre, me casé con Ana, miembro de nuestra familia, y por ella fui padre de Tobi′as. Llevado cautivo a Nínive Ahora bien, cuando fui llevado cautivo a Ninive, todos mis hermanos y parientes comían la comida de los gentiles; pero yo me abstenía de comerla, porque me acordaba de Dios con todo mi corazón. Entonces el Altísimo me concedió favor y buena apariencia ante los ojos de Shalmane′ser, y yo era su comprador de provisiones. Así que solía ir a Media, y una vez en Rages de Media dejé en depósito diez talentos de plata con Gab′ael, el hermano de Gabri′as. Pero cuando Shalmane′ser murió, Senaquerib su hijo reinó en su lugar; y bajo él los caminos no eran seguros, de modo que ya no podía ir a Media. Valor para enterrar a los muertos En los días de Shalmane′ser realicé muchas obras de caridad con mis hermanos. Daba mi pan al hambriento y mi ropa al desnudo; y si veía a alguno de mi pueblo muerto y arrojado detrás del muro de Ninive, yo lo enterraba. Y si Senaquerib, el rey, daba muerte a alguno que viniera huyendo de Judea, yo lo enterraba en secreto. Porque en su ira daba muerte a muchos. Cuando el rey mandaba buscar los cadáveres, no los encontraba. Entonces uno de los hombres de Nínive fue e informó al rey acerca de mí, que yo los estaba enterrando; así que me escondí. Cuando supe que me buscaban para matarme, salí de casa con temor. Entonces todos mis bienes fueron confiscados y nada me quedó excepto mi esposa Ana y mi hijo Tobi′as. Pero no pasaron cincuenta días antes de que dos de los hijos de Senaquerib lo mataran, y huyeron a las montañas de Ar′arat. Entonces Esarhad′don, su hijo, reinó en su lugar; y nombró a Ahi′car, hijo de mi hermano An′ael, sobre todas las cuentas de su reino y sobre toda la administración. Ahi′car intercedió por mí, y yo volví a Ninive. Ahora bien, Ahi′car era copero, guardador del sello y encargado de la administración de las cuentas, pues Esarhad′don lo había nombrado segundo después de él. Era mi sobrino.
Tobías 1:1–20 (RVC). Después de ser deportado a Nínive, Tobías rehúsa la comida de los gentiles, manteniéndose puro porque se «acordaba de Dios con todo su corazón».