Adán es el primer hombre registrado en las Escrituras, formado por Dios del polvo de la tierra y recibiendo el aliento de vida; vivió con Eva en el huerto, y por su desobediencia introdujo el pecado y la muerte en el mundo, representando a toda la humanidad.
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Vida e historia
Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó (Génesis 1:27). Esta es la solemne declaración de la Escritura sobre el origen de la humanidad: la existencia humana brota directamente del acto creativo de Dios y lleva Su imagen. Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y el hombre fue un alma viviente (Génesis 2:7). El verbo hebreo "יִּיצֶר" (H3335) muestra el cuidado con que Dios dio forma, mientras que "אָדָם" (H0120) nombra al hombre y a la vez lo conecta con "אֲדָמָה" (tierra), sugiriendo su origen terrenal. El aliento de vida transformó el polvo en un ser viviente, un motivo que se repite en toda la Escritura (Job 33:4; Eclesiastés 12:7). Adán fue colocado en el huerto de Edén, encargado de su cuidado, y recibió a la mujer Eva como compañera. Sin embargo, tentados por la serpiente, él y Eva comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal, quebrantando el mandato de Dios. Por este acto, el pecado entró en el mundo, fracturando la relación entre la humanidad y Dios. Se le dijo a Adán: con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra; porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás (Génesis 3:19). Juntas, estas palabras pronuncian tanto el esfuerzo del trabajo como la certeza de la muerte. Sin embargo, dentro del mismo juicio, Dios habló la esperanza de Génesis 3:15, señalando hacia un descendiente futuro que aplastaría a la serpiente. La genealogía de Adán enlaza la creación con la historia del pueblo elegido de Dios, y en la teología de Pablo se le contrapone a Cristo, el "postrer Adán" (1 Corintios 15:45), convirtiéndolo en la fuente de la historia de la redención.