Lázaro era el enfermo de Betania, hermano de Marta y María, a quien Jesús resucitó de entre los muertos: un milagro que manifestó la gloria de Dios.
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Vida e historia
Lázaro vivía en Betania, el pueblo que también era hogar de sus hermanas Marta y María. Según el capítulo 11 del Evangelio de Juan, cuando cayó enfermo, Jesús vino deliberadamente a verlo, y después de que Lázaro hubiera estado muerto durante cuatro días, Jesús clamó con gran voz: «¡Lázaro, ven fuera!», resucitándolo del sepulcro. Este milagro hace eco de los relatos del Antiguo Testamento sobre resurrecciones realizadas por profetas como Elías y Eliseo (como en 2 Reyes 4), y demuestra que Jesús es el Señor de la vida, manifestando la gloria de Dios ante el mundo que observaba. Después de su resurrección, el registro bíblico muestra que muchas personas llegaron a la fe en Jesús a causa de este evento, y también se convirtió en uno de los factores que impulsó a los principales sacerdotes y fariseos a tramar la muerte de Jesús. Según el capítulo 12 de Juan, Lázaro posteriormente cenó con Jesús antes de la Pascua, y en esa ocasión María ungió los pies de Jesús con perfume precioso y los secó con sus cabellos, un acto de devoción que ha sido recordado como un modelo de adoración costosa. La historia de Lázaro se ha convertido en un símbolo de la esperanza de resurrección y el poder de Dios en la tradición cristiana, recordando a los creyentes que la soberanía de la vida pertenece a Dios, cuya palabra prevalece sobre la muerte. Este milagro prefigura la propia resurrección del Señor y se erige como una de las grandes señales en los Evangelios, demostrando que el Hijo de Dios vino al mundo para que todos los que creen en Él tengan vida eterna.