Fe y confianza

Creciendo hacia la unidad: El camino de la fe y la confianza

Efesios 4 revela que la madurez de la fe no es un camino solitario, sino un crecimiento compartido hasta alcanzar la medida de la estatura de Cristo.

BibleVibe Editorial5 min de lectura
TraducciónESV
Efesios 4:1-20
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Yo, pues, el preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor; solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Un cuerpo, y un Espíritu, como también fuisteis llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todas las cosas, y por todas las cosas, y en todos vosotros. Pero a cada uno de nosotros la gracia fue dada según la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. (Y esto, Él subió, ¿qué es, sino que también descendió primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió muy por encima de todos los cielos, para llenarlo todo.) Y Él dio a algunos, apóstoles; y a algunos, profetas; y a algunos, evangelistas; y a algunos, pastores y maestros; para la perfección de los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por todo viento de doctrina, por estratagemas de hombres que engañan para engañar, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todas las cosas en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo; del cual, todo el cuerpo bien concertado y unido entre sí por la juntura que se ministra según la operación en la medida de cada una de las partes, hace el aumento del cuerpo, para su edificación en amor. Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros Gentiles andan, en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia, para cometer con codicia toda clase de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por Él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la anterior manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, que es creado conforme a Dios en la justicia y santidad de la verdad. Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo. Ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más; sino que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué dar al que padeciere necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de que dé gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes, sed los unos con los otros misericordiosos, compasivos, perdonándoos unos a otros, como también Dios os perdonó en Cristo.

Efesios 4:1–20 (VRV) — El llamado de Pablo a una conducta digna, la unidad del Espíritu, los dones del Cristo ascendido, y el crecimiento del cuerpo hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y el conocimiento del Hijo de Dios.

Narration

Contexto

Pablo escribió la carta a los Efesios mientras era prisionero (véase Efesios 3:1; 4:1), muy probablemente durante su primer encarcelamiento romano alrededor del 60–62 d.C. (cf. Hechos 28:30–31). La carta fue llevada a las jóvenes iglesias de Asia Menor, incluyendo la misma Efeso, una próspera ciudad portuaria que albergaba el gran templo de Artemisa (Josefo, Antigüedades 14.10.25; cf. Hechos 19:23–41). La comunidad a la que Pablo se dirige era en gran parte gentil (Efesios 2:11–13), pero había sido instruida durante varios años por Pablo, Aquila, Priscila, Apolos y el equipo pastoral dirigido por Timoteo (Hechos 18:18–19, 24–28; 1 Timoteo 1:3). Cuando Pablo, por tanto, dice "el prisionero en el Señor", está escribiendo desde las cadenas en Roma mientras imagina un cuerpo de creyentes esparcidos por las ciudades del Egeo. La apertura del capítulo 4 marca una bisagra en la carta: los capítulos 1–3 despliegan la gloriosa doctrina de la obra de Dios en Cristo, y los capítulos 4–6 se vuelven hacia la práctica de andar dignamente de esa vocación. Los primeros veinte versículos sientan la base teológica y práctica para los códigos domésticos que siguen. Responden a una pregunta que todo nuevo creyente debe enfrentar: una vez que ha sido unido a Cristo por la fe, ¿cómo vive ahora y cómo se relaciona con otras personas que comparten esa misma fe? La respuesta de Pablo es que la fe se expresa en una conducta digna, en la unidad del Espíritu, en el ministerio del Cristo ascendido a través de sus dones, y en el crecimiento constante de todo el cuerpo hasta que todos lleguen a la unidad de la fe y al conocimiento del Hijo de Dios.

Espaciotiempo

Reflexiones situadas en la era de las misiones paulinas, arraigadas en las comunidades de la iglesia primitiva a lo largo del mundo romano, donde la fe se forjaba en medio de la proclamación del evangelio, la persecución y la formación de hogares creyentes.

Significado

Efesios 4:1–20 desarrolla cuatro movimientos que juntos definen la fe bíblica como confianza en Dios y confianza dentro de su pueblo. (1) La fe camina. El versículo 1 abre con «anduvieseis de una manera digna de la vocación», y los versículos 17–18 contrastan esto con la «vanidad de la mente» de los gentiles. La fe salvadora nunca es meramente una transacción en el altar; es un caminar continuo (cf. Colosenses 1:10). El andar digno se describe en los versículos 2–3 con cuatro virtudes: humildad, mansedumbre, paciencia, y soportándoos los unos a los otros en amor. Estas son la textura social de la fe. La confianza en Dios se expresa en una confianza paciente con su pueblo. (2) La fe une. Los versículos 4–6 declaran la unidad siete veces mencionada: un cuerpo, un Espíritu, una esperanza, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos. Pablo fundamenta la unidad cristiana no en opiniones compartidas, sino en realidades objetivas compartidas. Hay «una fe» — no una fe que cada creyente inventa, sino la fe apostólica entregada una vez para siempre. Confiar en Dios es ser atraído a esta unidad; la división es una contradicción del evangelio mismo. (3) La fe es dotada. Los versículos 7–12 celebran al Cristo ascendido que llevó cautiva la cautividad y dio dones a los hombres. La cita del Salmo 68:18 (cf. Salmo 68:18 LXX) se reaplica a Cristo. El que descendió es el mismo que ascendió muy por encima de todos los cielos para llenarlo todo. De esa plenitud distribuye apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. La fe no es heroísmo solitario; es sostenida por dones dados a través de otras personas. (4) La fe madura. Los versículos 13–16 nombran la meta: «hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo». La palabra griega teleios (perfecto) señala la adultez. Los niños son zarandeados por todo viento de doctrina; los adultos se mantienen firmes en Cristo. El cuerpo crece «sólidamente unido y compactado por lo que cada articulación suministra». La fe es tanto confianza individual como madurez corporativa — hasta que todo el cuerpo se edifica en amor. La fe, entonces, no es meramente confianza que salva el alma; es confianza que camina, une, recibe y crece hasta que el creyente es medido por la estatura de Cristo mismo.

Aplicar

Tres movimientos concretos de aplicación nacen de este pasaje. (a) Anda dignamente en tu día ordinario. El «andamiento digno» no es un acto dramático aislado, sino mil pequeñas decisiones: responder un correo hiriente con mansedumbre, soportar a un colega difícil con longanimidad, mantener la unidad cuando el murmuración te tienta a quebrantarla. La fe como 信靠 (confianza) se manifiesta con mayor claridad no en las cumbres, sino en el valle de las relaciones ordinarias. Antes de que tu día comience, pide al Espíritu que señale un lugar específico donde practicarás humildad y amor paciente. (b) Protege la unidad del Espíritu. El versículo 3 nos manda poner diligencia en guardar la unidad. La palabra griega para «diligencia» (spoudazontes) lleva la energía de la prisa y el esfuerzo. La unidad no ocurre por accidente; debe ser perseguida. Prácticamente, esto significa negarse a tratar doctrinas secundarias como pruebas primordiales de comunión, negarse a difundir las faltas de hermanos y hermanas, y elegir hablar bien de la iglesia cuando los de afuera la ridiculizan. Tu confianza en Dios será probada precisamente donde tu paciencia con Su pueblo es probada. (c) Usa el don que Cristo te ha dado. Todo creyente es portador de un don. El Cristo ascendido te ha dado algo para el cuerpo —quizá hospitalidad, quizá enseñanza, quizá intercesión, quizá servicio silencioso. La fe como 信心 (confianza) no consiste solo en creer para ti mismo; consiste en contribuir al cuerpo. Identifica una manera tangible en que puedes servir a la iglesia esta semana —una comida, una visita, un mensaje de aliento, un don financiero— y ofrézcalo como el don del Cristo ascendido a través de ti. La fe madura no solo en el banco de la iglesia, sino en la labor conjunta de cada coyunturasuministrando lo que el cuerpo necesita.

Reflexión

Hay una mentira sutil que muchos creyentes creen: que la fe es esencialmente privada. La tratamos como una transacción entre el alma individual y Dios: sincera, personal, pero fundamentalmente solitaria. Efesios 4:1–20 desarma esa mentira por completo. La fe, según Pablo, es corporativa antes de ser individual. Hay "un cuerpo". Hay "una fe". Hay una "unidad de la fe" hacia la cual todos nos dirigimos juntos. El Cristo ascendido no ascendió meramente para salvar almas aisladas, sino para llenar todas las cosas, y para distribuir dones a fin de que Su pueblo dispersado pudiera ser entretejido en un solo varón maduro, medido por Su propia estatura. Confiar en Cristo es, por tanto, ser atraído a un pueblo. Si tu fe no tiene iglesia, no tiene hermanos, no tiene hermanas, no tiene rendición de cuentas, no tiene un lugar donde tus dones sean ofrecidos y recibidos, entonces falta algo esencial. El apóstol Pablo, escribiendo en cadenas, no escribió a un cristiano solitario. Escribió a una comunidad que tendría que caminar dignamente junta, soportarse unos a otros con amor, y crecer hasta la cabeza, que es Cristo. Reflexión: ¿dónde está tu fe más sola? ¿Dónde ha sido tentada a permanecer infantil, azotada por todo viento de doctrina, llevada por el engaño de los hombres? ¿Y dónde podría estar llamándote el Cristo ascendido, justamente esta semana, a usar el don que Él ha dado para que el cuerpo se edifique a sí mismo en amor? Siéntate en silencio. Pídele al Espíritu que te muestre una sola articulación que estás llamado a suplir. Entonces involúcrate y sirve. La fe solo crece conforme se entrega.

Preguntas frecuentes

En Efesios 4, ¿la 'fe' es confianza personal en Dios o confianza mutua entre los creyentes?

Ambos. Efesios 4:5 nombra "una fe": la doctrina apostólica objetiva; 4:13 habla de "la unidad de la fe": los creyentes llegando juntos a esa doctrina; y 4:15 exhorta al cuerpo a crecer "en amor". La fe es, por tanto, tanto la confianza personal en Dios como la vida compartida moldeada por esa confianza dentro del cuerpo de Cristo.

¿Qué significa "andar digno del llamado" y cómo podemos saber si estamos a la altura?

Caminar digno no es perfección, sino una respuesta apropiada — con mansedumbre, longanimidad, paciencia y amor tolerante que guarda la unidad del Espíritu (4:2–3). No ganamos el llamado; vivimos de un modo que concuerda con la gracia por la cual fuimos llamados, empoderados por el Espíritu.

¿Cómo es Cristo tanto ascendido arriba como descendido abajo, y qué significa esto para la fe?

En 4:8–10 Pablo reaplica el Salmo 68: Cristo descendió en su encarnación y muerte, y ascendió como el Señor victorioso que da dones. Él llena todas las cosas. La fe, por tanto, descansa en un Señor que está a la vez profundamente cerca e infinitamente por encima — capaz de encontrarnos donde estamos.

Si todos los dones provienen del mismo Cristo ascendido, ¿por qué las iglesias todavía se dividen?

La división generalmente surge cuando elevamos la experiencia personal, la preferencia cultural o la doctrina secundaria por encima de la sumisión a Cristo, quien es la Cabeza (4:15). La unidad no es la ausencia de diferencias, sino hablar la verdad en amor y ser edificados juntamente. Cuando tratamos los asuntos secundarios como primarios, la unidad se rompe.

Como creyente común que no está seguro de sus dones, ¿cómo puedo servir en el cuerpo?

Todo creyente ha recibido gracia (4:7). No necesitas esperar una claridad perfecta — comienza con actos sencillos: una palabra de aliento, una oración, una comida, una visita. Cristo distribuye los dones y la iglesia los confirma. La fidelidad en las cosas pequeñas revelará las grandes.

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