Unidos en esperanza: cómo la fe presta una sola voz a las naciones
Romanos: 15:1-20 — Cuando la fe lleva la debilidad del otro, se convierte en un solo cántico de alabanza de toda nación.
Ahora nosotros los que somos fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación. Porque ni aun Christo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Las afrentas de los que te ultrajaban cayeron sobre mí. Porque todas las cosas que fueron escritas antes, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que por la paciencia y la consolación de las Escrituras tengamos esperanza. Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os conceda tener entre vosotros un mismo sentir según Christo Jesús: para que concordes, a una boca, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesus Christo. Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Christo nos recibió, para gloria de Dios. Porque digo que Christo Jesús fue hecho ministro de la circuncisión por la verdad de Dios, para confirmar las promesas dadas a los padres, y para que los Gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito: Por tanto, yo te confesaré entre los Gentiles, Y cantaré a tu nombre. Y otra vez dice: Alegraos, Gentiles, con su pueblo. Y otra vez: Alabad al Señor, todos los Gentiles; Y alábenle todos los pueblos. Y otra vez dice Isaías: Será la raíz de Jessé, Y el que se levantará a regir los Gentiles; En él esperarán los Gentiles. Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo. Pero yo estoy persuadido de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, y que también podéis amonestaros los unos a los otros. Mas hermanos, os he escrito algo más atrevidamente, en parte, como haciendo memoria de vosotros, por la gracia que de Dios me es dada para ser ministro de Jesus Christo entre los Gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que la ofrenda de los Gentiles sea agradable, santificada por el Espíritu Santo. Tengo, pues, de qué gloriarme en Christo Jesus, en lo que es de Dios. Porque no osaré hablar de ninguna cosa que Christo no haya hecho por mí, para la obediencia de los Gentiles, por la palabra y por las obras, con potencia de señales y prodigios, en la virtud del Espíritu Santo; de manera que desde Jerusalem, y por los alrededores hasta Ilírico, he llenado todo del evangelio de Christo. Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde antes Christo era nombrado, por no edificar sobre fundamento ajeno; antes, como está escrito: A los que no fue anunciado, verán; Y los que no han oído, entenderán. Por lo cual también he sido impedido muchas veces de venir a vosotros: pero ahora, no teniendo más lugar en estas regiones, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros, cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros de paso, y ser llevado adelante por vosotros, si primero en algo fuere lleno de vuestra compañía. Empero ahora voy a Jerusalem para ministrar a los santos. Porque Macedonia y Acaya han tenido voluntad de hacer alguna contribución para los pobres que están entre los santos en Jerusalem. Porque les ha parecido bueno, y son deudores a ellos. Porque si los Gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también servirles en los carnales. Cuando, pues, yo haya hecho esto, y les haya sellado este fruto, pasaré a vosotros por España. Y sé que cuando yo vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Christo. Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesus Christo, y por la caridad del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios; para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que mi ministerio para Jerusalem sea acepto a los santos; para que llegue a vosotros con gozo por la voluntad de Dios, y que con vosotros me recree. Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.
Pablo ancla la vida cristiana en un Dios triforme: el Dios de la paciencia, el Dios del consuelo y el Dios de la esperanza (Ro 15:5, 13). La fe no es una convicción solitaria; es el vínculo que transforma al fuerte y al débil, al judío y al gentil, en una sola voz que glorifica al Padre de nuestro Señor Jesucristo.