Fe y Confianza en el Hijo Eterno
Hebreos 1 exalta a Cristo como supremo, llamándonos a poner nuestra fe en Aquel que es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo a los padres en los profetas por diversas porciones y de diversas maneras, al final de estos días nos ha hablado en su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio del cual también hizo los mundos; quien siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y sustentando todas las cosas por la palabra de su poder, cuando hubo hecho la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas; hecho tanto superior a los ángeles, cuanto ha heredado un nombre más excelente que ellos. Porque, ¿a cuál de los ángeles dijo alguna vez: Tú eres mi Hijo, hoy te he engendrado? Y otra vez: Yo seré a él Padre, y él me será a mí Hijo? Y otra vez, cuando introduce al primogénito en el mundo, dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios. Y de los ángeles dice: Él hace a sus ángeles vientos, y a sus ministros llama de fuego: pero del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de rectitud es el cetro de tu reino. Has amado la justicia y aborrecido la iniquidad; por tanto, Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros. Y: Tú, Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permaneces; y todos ellos se envejecerán como un vestido; y como una vestidura los mudarás, y serán cambiados; pero tú eres el mismo, y tus años no faltarán. Pero, ¿a cuál de los ángeles dijo alguna vez: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a causa de los que han de heredar la salvación?
Hebreos 1:1-14 es un prólogo grandioso. Tras declarar que Dios ha hablado plenamente en Su Hijo, el escritor une siete textos del Antiguo Testamento para demostrar que el Hijo supera a todo ángel, permanece para siempre y reina desde la diestra de la Majestad en las alturas. El argumento no es teología abstracta por sí misma; más bien, sostiene la perseverancia. Si Aquel en quien creemos es el resplandor de la gloria de Dios, el sustentador de todas las cosas por la palabra de Su poder, y un Sacerdote-Rey inmutable, entonces la fe en Él es el acto más razonable y más anclador que un ser humano puede realizar.