Consuelo antes del sufrimiento: El llamado de Jeremías
Antes de que llegue el sufrimiento, Dios ya ha preparado su presencia y su palabra.
Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías, uno de los sacerdotes que estaban en Anatot, en tierra de Benjamín. Vino a él palabra de DIOS en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el año decimotercero de su reinado, y hasta los días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año undécimo de Sedequías hijo de Josías, rey de Judá, cuando Jerusalén fue llevada cautiva en el quinto mes. Vino a mí palabra de DIOS diciendo: Antes de formarte en el vientre te conocí, y antes de que salieras de la matriz te santifiqué, te di por profeta a las naciones. Y yo dije: ¡Ah, ah, Señor DIOS! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. Y me dijo DIOS: No digas: Soy niño; porque a todos a quienes te enviase irás, y todo lo que te mandare hablarás. No tengas temor de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice DIOS. Y extendió DIOS su mano y tocó mi boca, y me dijo DIOS: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira, te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, y para arruinar y para derribar, y para edificar y para plantar. Y vino a mí palabra de DIOS, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. Y me dijo DIOS: Bien has visto; porque yo velo sobre mi palabra para cumplirla. Y vino a mí palabra de DIOS la segunda vez, diciendo: ¿Qué ves tú? Y dije: Veo una olla que hierve, que se vuelca desde el norte. Y me dijo DIOS: Del norte se soltará el mal sobre todos los moradores de la tierra. Porque he aquí que yo convoco a todas las familias de los reinos del norte, dice DIOS; y vendrán, y pondrá cada uno su silla a la entrada de las puertas de Jerusalén, y junto a todos sus muros en derredor, y contra todas las ciudades de Judá. Y yo daré mi juicio contra ellos, por toda su maldad, porque me han dejado, y han quemado incienso a dioses ajenos, y se han postrado a la obra de sus manos. Tú pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales todo lo que yo te mandare; no temas delante de ellos, no sea que yo te quebrante delante de ellos. Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, y como columna de hierro, y como muros de bronce contra toda la tierra, contra los reyes de Judá, contra sus príncipes, contra sus sacerdotes, y contra el pueblo de la tierra. Y pelearán contra ti, mas no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice DIOS, para librarte.
Jeremías 1 registra el llamado del profeta. El libro se convierte luego en una de las meditaciones más sostenidas de la Biblia sobre el sufrimiento —"el profeta que llora". Y, sin embargo, el capítulo 1 marca el tono no con tristeza, sino con iniciativa divina, habla divina y fortalecimiento divino. El sufrimiento se nombra temprano ("calamidad del norte"), pero primero se pronuncia el consuelo.