Fe y confianza

Del barro a la vista: el viaje de la fe

Un hombre nacido ciego es sanado en el día de reposo, revelando lo que verdaderamente significa confiar en Dios.

BibleVibe Editorial5 min de lectura
TraducciónESV
Juan 9:1-20
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Y pasando, vio a un hombre ciego desde su nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que naciese ciego? Respondió Jesús: Ni este pecó, ni sus padres; mas para que las obras de Dios se manifiesten en él. Me es necesario hacer las obras del que me envió, mientras es de día: la noche viene, cuando nadie puede obrar. Mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo. Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que significa, Enviado). Entonces fue, y se lavó, y volvió viendo. Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: Este es; otros: A la verdad se le parece. El decía: Yo soy. Entonces le decían: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? Respondió: El hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate. Entonces fui, y me lavé, y recibí la vista. Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé. Llevaron a los fariseos al que antes había sido ciego. Y era sábado el día en que Jesús hizo el lodo y le abrió los ojos. Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. Y él les dijo: Puso lodo sobre mis ojos, y me lavé, y veo. Entonces algunos de los fariseos decían: Este hombre no es de Dios, porque no guarda el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales señales? Y había disensión entre ellos. Entonces dicen otra vez al ciego: ¿Tú qué dices de él, en cuanto que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta. Pero los judíos no creyeron de él, que había sido ciego y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ahora ve? Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego: mas cómo ahora vea, no sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros no sabemos: edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo. Estas cosas dijeron sus padres, porque temían a los judíos: porque los judíos habían acordado ya que si alguno le confesase ser Cristo, fuera expulsado de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él. Entonces llamaron segunda vez al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios: nosotros sabemos que este hombre es pecador. El entonces respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. Entonces le dijeron otra vez: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? El les respondió: Ya os lo he dicho, y no oísteis: ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? Y le maldijeron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés: pero respecto a éste, no sabemos de dónde es. Respondió el hombre y les dijo: Ciertamente esto es maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde es, y sin embargo a mí me abrió los ojos. Sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. Desde el principio del mundo nunca se oyó que alguno abriese los ojos a un ciego de nacimiento. Si éste no fuera de Dios, no podría hacer nada. Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecados, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le echaron fuera. Jesús oyó que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? El respondió y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: Le has visto, y el que habla contigo, ése es. El entonces dijo: Creo, Señor. Y le adoró. Y dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean; y los que ven, sean hechos ciegos. Y los fariseos que estaban con él, oyeron esto, y le dijeron: ¿Somos nosotros también ciegos? Jesús les dijo: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado: mas ahora decís, Vemos; por lo tanto vuestro pecado permanece.

Juan 9:1-20 — Jesús sana a un hombre ciego de nacimiento, desatando un debate entre los fariseos sobre la observancia del sábado y la fuente de su autoridad.

Narration

Contexto

Este pasaje se desarrolla en Jerusalén durante una de las visitas de Jesús a la ciudad, probablemente durante una fiesta (posiblemente la Fiesta de los Tabernáculos, según los capítulos circundantes). La escena tiene lugar en el área del Templo, donde Jesús se encuentra con un hombre que ha sido ciego de nacimiento. La piscina de Siloé, mencionada en el texto, estaba ubicada en el extremo sur de la ciudad, cerca de la Ciudad de David, donde se canalizaba el agua del manantial de Gihón. Los fariseos, las autoridades religiosas de la época, son figuras centrales en esta narrativa debido a su estricta interpretación de la ley del sábado. El milagro ocurre en sábado, lo cual se convierte en el punto central de la controversia. Las suposiciones culturales de la época sostenían que las dolencias físicas eran consecuencia directa del pecado, ya fuera personal o ancestral—una creencia que Jesús desafía directamente.

Espacio-tiempo

Ambientada en la Jerusalén del primer templo durante el período davídico, este contexto ancla las reflexiones sobre la fe en el corazón covenantal del antiguo Israel.

Significado

El pasaje presenta varias capas de significado relacionadas con la fe y la confianza. Primero, Jesús rechaza la suposición de los discípulos de que el sufrimiento es siempre resultado directo del pecado. Replantea la ceguera del hombre no como un castigo, sino como una oportunidad para que las obras de Dios se manifiesten. Esta es una afirmación profunda sobre la confianza: en lugar de explicar el sufrimiento como merecido, Jesús nos invita a verlo como un lienzo para la gloria divina. Segundo, la fe en este pasaje no es una creencia abstracta, sino obediencia activa. El ciego no ve a Jesús, no sabe dónde está Él y no comprende plenamente lo que está ocurriendo; sin embargo, obedece la instrucción de ir y lavarse en el estanque. Su fe precede a su vista, tanto literal como figuradamente. Camina hacia Siloé con los ojos cubiertos de lodo, confíando en la voz de un desconocido. Esta es la confianza en su forma más pura: actuar conforme a la palabra de Dios antes de que el resultado sea visible. Tercero, la respuesta de los fariseos revela una forma de religión que ha perdido su confianza en Dios. Están tan enfocados en las reglas que no pueden reconocer la mano de Dios frente a ellos. Su fe ha sido reemplazada por control institucional. En contraste, el hombre que fue sanado progresa en su comprensión: desde llamar a Jesús "el hombre llamado Jesús" (v. 11), hasta "un profeta" (v. 17), y finalmente adorarlo como Señor. La fe aquí se muestra como un camino, no como un solo momento.

Solicitud

Para los creyentes de hoy, este pasaje ofrece una imagen vívida de lo que significa confiar en Dios cuando las circunstancias son confusas o dolorosas. Cuando enfrentamos el sufrimiento, a menudo sentimos la tentación de preguntar "¿Quién pecó?", de buscar a quién culpar, ya sea en nosotros mismos o en otros. Jesús redirige esa pregunta hacia una más útil: "¿Qué está haciendo Dios?" En la práctica, esto significa: cuando llega el dolor, podemos elegir buscar el propósito redentor de Dios en lugar de asignar culpa. La obediencia del ciego también nos desafía. Puede que no entendamos por qué Dios nos pide hacer ciertas cosas: tener una conversación difícil, extender el perdón, aprovechar una nueva oportunidad o esperar en la incertidumbre. Pero la fe a menudo significa seguir adelante con barro en los ojos, confiando en que la visión llegará. Este pasaje también nos advierte contra una espiritualidad rígida y centrada en las reglas. Como los fariseos, podemos volvernos tan enfocados en la observancia externa que pasamos por alto la presencia y la obra de Dios. La fe verdadera mantiene el corazón abierto al asombro y a las formas impredecibles en que Dios obra en el mundo.

Reflexión

La fe no es la ausencia de ceguera, sino la voluntad de caminar hacia el estanque cuando Jesús te dice que vayas. El hombre de Juan 9 no discutió, no negoció, no exigió explicaciones; simplemente fue. Y cuando regresó, podía ver. Hay una clase de confianza que solo se forma en lo desconocido, una confianza que requiere que actuemos conforme a la palabra de Dios antes de tener todas las respuestas. Tal vez hoy estás enfrentando una situación que parece barro sobre tus ojos: confusa, incómoda, poco clara. La invitación aquí no es entenderlo todo, sino obedecer con confianza. Dios todavía está en el asunto de abrir ojos. A veces abre ojos físicos; con frecuencia abre los ojos de nuestro corazón. De cualquier manera, el camino hacia la vista comienza con un paso hacia el agua, incluso cuando todavía no podemos ver el camino.

Preguntas frecuentes

¿Por qué los discípulos preguntaron de quién era el pecado que había causado la ceguera del hombre?

En la cultura judía de la época, se asumía ampliamente que las dolencias físicas eran el resultado directo del pecado personal o ancestral, lo cual influyó en la pregunta de los discípulos.

¿Por qué la sanación en el día de reposo causó controversia?

Los fariseos interpretaban estrictamente las regulaciones del sábado como prohibitivas de cualquier "trabajo", y consideraban que el hecho de que Jesús hiciera barro y ungiera los ojos constituía una violación de la ley del sábado.

¿Cuál es el significado simbólico del Estanque de Siloé?

El nombre Siloé significa "Enviado", en resonancia con la identidad de Jesús como el Enviado por Dios.

¿Cómo debemos entender la fe a partir de este pasaje?

La fe es obediencia activa: estar dispuesto a seguir la palabra de Dios aun sin comprenderlo completamente. El ciego no podía ver a Jesús ni sabía dónde estaba Él, y aun así confió y obedeció, y como resultado recibió la vista.

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