Fe y confianza

Reposar en la Santidad: El Fundamento de la Fe y la Confianza

Levítico 20 muestra un camino de confianza: el pueblo de Dios aprende a depender fielmente del Santo mediante la obediencia y una vida santificada.

BibleVibe Editorial5 min de lectura
Traducción:ESV
Levítico 20:1-20
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Y HABLÓ Dios a Moisés: Di además a los hijos de Israel: Cualquiera de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran en Israel, que dé descendencia a Moloc, será muerto; el pueblo de la tierra lo apedreará. Y pondré Mi rostro contra [aquella persona], a quien cortaré de entre su pueblo, por haber dado descendencia a Moloc y haber profanado Mi santuario y Mi santo nombre. Y si el pueblo de la tierra cierra sus ojos ante el hecho de que [aquella persona] ha dado descendencia a Moloc, y no lo mata, Yo mismo pondré Mi rostro no solo contra [aquella persona] sino también contra su familia; y los cortaré de entre su pueblo—a todos los que vayan tras Moloc descarriándose. Y si alguna persona se vuelve a los espíritus de los muertos y a los adivinos y se descarría tras ellos, Yo pondré Mi rostro contra esa persona—y la cortaré de entre su pueblo. Os santificaréis y seréis santos, porque Yo el ETERNO soy vuestro Dios. Guardaréis fielmente Mis leyes: Yo Dios os santifico. Respecto a cualquiera que insulte a su padre o a su madre: será muerto; ha insultado a su padre y a su madre—y la culpa de sangre es suya. Si un hombre comete adulterio con una mujer casada—cometiendo adulterio con la mujer de otro hombre—el adúltero y la adúltera serán muertos. Si un hombre se acuesta con la mujer de su padre, es la desnudez de su padre que ha descubierto; ambos serán muertos—y la culpa de sangre es suya. Si un hombre se acuesta con su nuera, ambos serán muertos; han cometido incesto—y la culpa de sangre es suya. Si un hombre se acuesta con un varón como se acuesta con una mujer, los dos han hecho cosa abominable; serán muertos—y la culpa de sangre es suya. Si un hombre toma por esposas a una mujer y a su madre, es depravación; tanto él como ellas serán quemados con fuego, para que no haya depravación entre vosotros. Si un hombre tiene relaciones carnales con un animal, será muerto; y mataréis al animal. Si una mujer se acerca a algún animal para aparearse con él, mataréis a la mujer y al animal; serán muertos—y la culpa de sangre es suya. Si un hombre toma por esposa a su hermana, hija de su padre o de su madre, de modo que ve su desnudez y ella ve la suya, es una ignominia; serán excluidos ante los ojos de sus parientes. Ha descubierto la desnudez de su hermana, llevará la culpa. Si un hombre se acuesta con una mujer durante su menstruación y descubre su desnudez, ha puesto al descubierto su flujo y ella ha descubierto su flujo de sangre; ambos serán cortados de entre su pueblo. No descubrirás la desnudez de la hermana de tu madre ni de la hermana de tu padre, porque eso es poner al descubierto la propia carne; llevarán la culpa. Si un hombre se acuesta con la mujer de su tío, es la desnudez de su tío la que ha descubierto. Llevarán la culpa: morirán sin hijos. Si un hombre toma por esposa a la mujer de su hermano, es indecencia. Es la desnudez de su hermano la que ha descubierto; quedarán sin hijos. Guardaréis fielmente todas Mis leyes y todos Mis decretos, no sea que la tierra a la que os llevo para habitar os vomite. No seguiréis las prácticas de la nación que Yo echo de delante de vosotros. Porque es porque hicieron todas estas cosas que los aborrecí y os dije: Poseeréis su tierra, porque Yo os la daré en posesión, tierra que fluye leche y miel. Yo el ETERNO soy vuestro Dios que os he apartado de los demás pueblos. Así que apartaréis el animal puro del impuro, el ave impura de la pura. No atraeréis abominación sobre vosotros mediante aquello que Yo he apartado para que tratéis como impuro—[sea] animal o ave o cualquier cosa con la que el suelo se mueve. Me seréis santos, porque Yo Dios soy santo, y os he apartado de los demás pueblos para que seáis Míos. El hombre o la mujer que tenga espíritu de muerto o espíritu adivino será muerto; serán apedreados—y la culpa de sangre es suya.

Levítico 20:7–8 enmarca el capítulo con un tierno llamado: «Santificaos y sed santos, porque yo, el SEÑOR, soy vuestro Dios. Guardad fielmente mis leyes: yo, el SEÑOR, os santifico». En medio de severas advertencias, estos versículos son el corazón del capítulo: la fe no es una creencia abstracta, sino confiar en el Dios que Él mismo nos hace santos.

Narration

Contexto

Levítico 20 es entregado mientras Israel acampaba al pie del Monte Sinaí, recién entrado en pacto mediante la ley dada en Levítico 1–19. Moisés sigue siendo el mediador; el Tabernáculo ha sido erigido pero el pueblo aún no ha entrado en la tierra. El capítulo se sitúa dentro del «Código de Santidad» (Levítico 17–26), que detalla cómo se vive la fidelidad del pacto en la vida cotidiana. Verso por verso, confronta las religiones cananeas circundantes—particularmente el culto a Moloc, el sacrificio de niños, la prostitución cultual, la necromancia, el incesto, la bestialidad y el adulterio. Estos no son crímenes abstractos; eran el pegamento social del paganismo antiguo del Cercano Oriente, y el pueblo de Dios estaba siendo atraído hacia ellos mediante la proximidad y la presión. El capítulo comienza con advertencias capitales contra el culto a Moloc (vv. 1–5) y contra las consultas a espíritus y adivinos (v. 6). Luego ordena responsabilidad comunitaria: «el pueblo de la tierra los apedreará» (v. 2). La fe aquí no es meramente piedad privada—es una comunidad que se hace responsable mutuamente ante un Dios santo. En medio de estos llamados severos se encuentra la invitación central: «Santificaos y sed santos, porque yo, el SEÑOR, soy vuestro Dios. Guardad fielmente mis leyes: yo, el SEÑOR, os santifico» (vv. 7–8). Esta es la espina dorsal del capítulo—Dios mismo es quien santifica, y nuestro papel es guardar fielmente, es decir, confiar lo suficiente en su palabra como para andar en ella. El escenario histórico es el período del desierto, después de Sinaí y antes de las llanuras de Moab. Dios está formando un pueblo que lo representará en la tierra, y las penas severas no son crueldad arbitraria sino protección del pacto. Josefo, escribiendo siglos después, señaló cómo las penas de la ley estaban diseñadas para mantener la conciencia de la nación tierna ante Dios: «Nuestro legislador ordenó que tales crímenes fueran castigados, no solo para que los ofensores fueran corregidos, sino para que el resto de la multitud se apartara de iguales enormidades» (Josefo, Antigüedades 4.8.15). La fe, en este escenario, significa confiar en que los límites de Dios son la más verdadera bondad.

Espaciotiempo

Ambientado durante la entrega de la Ley Mosaica en el monte Sinaí y las llanuras de Moab, donde Israel recibió estatutos divinos que exigían fidelidad y vida santa delante de Dios.

Significado

Levítico 20 es, en una primera lectura, un capítulo de severidad. Sin embargo, leído a través de la lente de la fe y la confianza, se convierte en una tierna invitación a descansar en la santidad de Dios en lugar de alcanzar nuestras propias definiciones de libertad. La palabra hebrea para 'guardar fielmente' en el versículo 8 (וּשְׁמַרְתֶּם, shimmartem) es la misma palabra usada para vigilar, custodiar y proteger. 'Guardar fielmente' las leyes de Dios es confiar en Él como el digno de confianza cuyas palabras son lo suficientemente fiables para guardar nuestras vidas. El capítulo comienza con severas advertencias comunitarias y luego—casi con suavidad en el medio—cambia hacia la autorrevelación de Dios: 'Yo, el SEÑOR, os santifico'. Teólogos a lo largo de los siglos han notado este movimiento. No es ley sin gracia; es ley que fluye del propio carácter de Dios. Las prohibiciones contra el culto a Moloc, el adulterio, el incesto y la bestialidad no son listas arbitrarias. Protegen tres bienes del pacto: (1) la santidad de la vida humana (los hijos pertenecen a Dios, no al fuego); (2) la integridad del matrimonio como imagen de la fidelidad de Dios (el adulterio desgarra lo que Dios ha unido); y (3) la dignidad del cuerpo como creado a imagen de Dios (el mal uso sexual confunde la misma fibra de la creación). La fe confía en que estos límites no son Dios acaparando gozo, sino Dios protegiendo las condiciones en las que el florecimiento humano puede crecer. La frase 'pondré Mi rostro contra' aparece repetidamente (vv. 3, 5, 6). No es un juez distante. Es un Dios personal y covenantal que se opone a lo que destruye a Su pueblo. La fe es el valor de creer que Aquel que pone Su rostro contra el pecado también pone Su rostro hacia los que se arrepienten. El llamado del versículo 7 a 'santificaos' no es, por tanto, autoayuda, sino respuesta—la santificación comienza con la declaración de Dios ('Yo, el SEÑOR, soy vuestro Dios') y continúa en nuestro recibir ('sed santos'). La confianza es el músculo que nos sostiene en esta postura de recepción.

Aplicación

¿Cómo nos enseña un capítulo de penas capitales sobre la fe y la confianza? En tres movimientos: Primero, confía en el Dador, no en el don. El capítulo es severo porque la cultura circundante estaba entregando a las familias de Israel: a Moloc, a la lujuria, a los muertos, a la confusión. La fe nombra los dones como dones y se rehúsa a adorarlos. Cuando confiamos más en el Dador que en el don, somos libres para usar las buenas cosas de la creación sin ser usados por ellas. Un joven que busca su identidad es tentado a adorar la aprobación; una pareja que lucha con la intimidad es tentada a adorar el escape; una persona en duelo es tentada a adorar una voz familiar del pasado. Levítico 20 nombra estos como altares y nos llama a volver al único Dios verdadero. Segundo, acepta los límites de Dios como bondad. Los lectores modernos luchan con las penas del capítulo, pero la fe confía en que el Dios que dio estas fronteras a Israel también dio a Su Hijo por ellos. La misma santidad que demandó la muerte por la violación del pacto finalmente tomó la muerte Él mismo. Las líneas del límite no son Dios apretando Su agarre; son Dios protegiendo el jardín. Aplica esto donde tu propia vida tiene bordes suaves, donde has dejado que pequeños compromisos normalicen lo que Dios llama destructivo. Confiar no es creer que tus límites son demasiado estrechos; confiar es creer que Aquel que los estableció tiene una visión más amplia que tú. Tercero, descansa en el Dios que santifica. El "yo, el SEÑOR, os santifico" del versículo 8 es el evangelio嵌入 en la ley. No te haces santo esforzándote más; descansas en Aquel que te está haciendo santo. La fe aquí no es esforzarse, sino recibir. Cuando la culpa por fracasos pasados surja, vuelve a este versículo: el mismo Dios que demandó fidelidad es el Dios que, en Cristo, la ha provisto. Camina adelante hoy confiando en que el Dios que te llama santo es fiel para completar la obra que comenzó.

Reflexión

Hay una extraña ternura sepultada en Levítico 20. Esperamos truenos, y los obtenemos. Pero en medio de los truenos oímos una voz suave y apacible: "Os santificaréis y seréis santos, porque yo el SEÑOR soy vuestro Dios. Guardaréis fielmente mis leyes: yo el SEÑOR os santifico." La voz no ordena desde lejos; está susurrando a un pueblo que Él ha elegido. La fe no es la ausencia de temblor ante este Dios; es la mano temblorosa que se extiende para tomar la suya. La confianza no es certeza acerca del futuro; es certeza acerca de Aquel que sostiene el futuro. Tómate un momento hoy para estar quieto. Imagina el campamento del desierto, el Tabernáculo, la columna de nube. Escucha a Dios decir: Yo soy tu Dios. Yo te santifico. Anda en mí. El mismo Dios que habló a Moisés te habla a ti. Descansa allí.

Preguntas frecuentes

¿Por qué son tan severos los castigos por la adoración a Moloc en Levítico 20?

La adoración a Moloc implicaba pasar a los niños por el fuego, devolviendo a un dios falso la misma vida que Él había dado, una traición al nivel más profundo del pacto. La severa pena de Dios fue Su establecimiento personal de un límite para proteger la vida, el matrimonio y la santidad de Su pueblo, porque Él es el Santo.

¿Dónde está la fe en un capítulo tan severo?

La fe se oculta justo en el centro, en los versículos 7–8: 'Sean santos, porque yo el SEÑOR su Dios soy santo. … Yo el SEÑOR los hago santos.' La fe no es esforzarnos por hacernos santos, sino confiar en el Dios que nos hace santos.

¿Cómo se aplica Levítico 20 a los creyentes hoy?

El Nuevo Testamento replantea los principios de Levítico 20 como disciplinas de fe: confiar en los límites de Dios por encima de las corrientes del mundo, honrar a Dios en el matrimonio y el cuerpo, apartarse de lo oculto o la confusión espiritual, y descansar en la promesa «Él me hace santo».

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