Fe y confianza

Fe y Confianza: De Zaqueo a los Siervos Fieles

La fe es la audaz subida a un sicómoro y la entrega voluntaria de la propia existencia; la confianza es custodiar lo encomendado hasta que el Señor regrese.

BibleVibe Editorial5 min de lectura
Traducción:ESV
Lucas 19:1-20
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Y entrando, pasaba por Jericó. Y he aquí, un varón llamado por nombre Zaqueo, el cual era jefe de los publicanos, y era rico. Y procuraba ver a Jesús quién era; mas no podía a causa de la multitud, porque era pequeño de estatura. Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. Y cuando vino Jesús a aquel lugar, mirando arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende; porque hoy es necesario que pose en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo: Que se ha ido a posar con un hombre pecador. Y puesto en pie, Zaqueo dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, lo devuelvo cuadruplicado. Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se había de manifestar de repente. Dijo pues: Un hombre noble fue a una provincia lejos, para recibir para sí un reino, y volver. Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez libras, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. Mas sus ciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. Y aconteció que vuelto él, después de haber recibido el reino, mandó llamar ante sí a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. Y vino el primero, diciendo: Señor, tu libra ha ganado diez libras. Y él le dijo: Está bien, buen siervo; porque en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. Y vino el segundo, diciendo: Señor, tu libra ha hecho cinco libras. Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. Y vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu libra, la cual he tenido guardada en un pañuelo; porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo: tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu misma boca te juzgo. ¿Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y siego lo que no sembré? ¿Por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con usura? Y a los que estaban presentes dijo: Quitadle la libra, y dadla al que tiene las diez libras. Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez libras. Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí. Y dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén. Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama del Olivar, envió a dos de sus discípulos, diciendo: Id a la aldea de enfrente; en la cual al entrar, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre se ha sentado jamás; desatadlo, y traedlo. Y si alguno os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita. Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les había dicho. Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? Y ellos respondieron: Porque el Señor lo necesita. Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus vestidos, y pusieron a Jesús encima. Y mientras él caminaba, tendían sus vestidos por el camino. Y acercándose él ya a la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos comenzó a regocijarse y a alabar a Dios a gran voz por todas las maravillas que habían visto, diciendo: ¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían. Y cuando llegó cerca de la ciudad, la vio, y lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está oculto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te rodearán, y te apretarán por todas partes, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación. Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él, diciéndoles: Escrito está: Y mi casa, casa de oración será llamada.

Lucas 19:1–20 entrelaza dos escenas de fe: la arrepentimiento inesperado de Zaqueo, y la parábola del noble que encomienda minas a sus siervos. Juntas muestran la fe como recibir a Cristo y ser fiel con lo que Él da.

Narration

Contexto

Lucas 19 comienza con Jesús pasando por Jericó en su camino a Jerusalén (cf. Lucas 18:35). La ciudad tenía una historia complicada: sus muros cayeron ante Josué (Josué 6:1, 6:27) y fueron reedificados después con la muerte de los hijos de Hiel (1 Reyes 16:34). Para el siglo primero, Jericó era una próspera ciudad comercial en la ruta entre Galilea y Judea, y un refugio conocido de recaudadores de impuestos. Zaqueo es identificado como un «jefe de publicanos» —probablemente un oficial superior de aduanas en el sistema romano— y como alguien «rico», lo cual en la mentalidad judía hacía su profesión doblemente sospechosa. Josefo señala que la región de Jericó era rica en bálsamo y palmeras datileras, y generaba grandes ingresos, buena parte de ellos exprimidos por la clase de los arrendadores de impuestos (Josefo, Antigüedades 14.4.1; Guerra de los judíos 4.8.3). Cuando Jesús anuncia que va a «hospedarse en tu casa», el murmullo de la gente («Ha ido a alojarse con un hombre pecador») revela el escándalo social de una comida así. Inmediatamente después, Jesús cuenta la parábola del hombre noble —una historia vinculada a los pretendientes herodianos al trono judío que viajaban a Roma buscando la confirmación de su dominio (cf. el viaje de Arquelao relatado por Josefo en Antigüedades 17.11.1). Las dos escenas están deliberadamente emparejadas: hoy la salvación ha entrado en una casa; un día el Rey volverá para ajustar cuentas con cada hogar.

Espaciotiempo

Ambientada en la era del Primer Templo, abarcando Jericó y la capital davídica de Jerusalén, esta reflexión sobre Lucas 19 explora la fe en medio de temas de lealtad al pacto, redención y la promesa cumplida de Dios.

Significado

Lucas 19:1–20 define la fe como un movimiento en dos direcciones a la vez. Con Zaqueo, la fe es la mirada hacia arriba y el descenso apresurado: trepar a un árbol para ver a Jesús, y luego bajar de prisa para hospedarlo. La confesión del rico cobrador de impuestos («la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, lo devuelvo cuadruplicado») no es la causa de la salvación, sino el fruto de ella. La declaración de Jesús, «hoy ha llegado la salvación a esta casa», ancla todo el episodio en la gracia: el buscar es recompensado con el ser buscado, porque «el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido». La parábola de las minas traslada entonces la fe de un momento dramático al largo trecho intermedio de la obediencia. Diez siervos reciben cada uno la misma cantidad: una mina; y, sin embargo, difieren enormemente en lo que retornan. La fe aquí no es una altura que escalar, sino una tarea que mantener: «negociad con esto hasta que yo venga». Los ciudadanos que «le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: no queremos que éste reine sobre nosotros», ilustran lo contrario de la fe: la negativa a reconocer la autoridad del Rey. El siervo que vuelve con diez minas oye: «bien hecho, buen siervo; porque has sido fiel en lo muy poco, ten autoridad sobre diez ciudades». La fidelidad en las pocas cosas encomendadas capacita a una persona para una mayordomía mayor. Considerados en conjunto, el pasaje dice que la fe es a la vez crisis y cultivo. Está el momento de mirar arriba y bajar (Zaqueo), y está el largo negociar mientras el Señor está ausente (los siervos). El mismo Señor que conoce a un Zaqueo por nombre llamará un día a cada siervo a rendir cuentas. La obediencia de la fe está, por tanto, fundamentada en la persona de Cristo, sostenida por su promesa de volver, y medida no por resultados espectaculares, sino por la continuidad fiel.

Aplicar

1. Busca antes de establezerte. El primer acto de Zaqueo fue una búsqueda inquieta: «procuraba ver a Jesús, quién era». La fe a menudo comienza como una curiosidad que se niega a ser apagada por la vergüenza. Pídele al Señor la pequeña gracia de un paso concreto hacia Él hoy, aunque parezca tan indigno como treparse a un árbol. 2. Recibe antes de reformarte. Fíjate en el orden: Jesús dice: «desciende… porque hoy es necesario que me hospede en tu casa». El arrepentimiento y la restitución vienen después, no antes, de la invitación. Si estás esperando limpiarte antes de acercarte a Cristo, invierte el orden: deja que Su presencia cambie lo que haces con tus bienes. 3. Nombra las «libras». Cada creyente ha recibido algo confiado: tiempo, dinero, una vocación, una familia, un ámbito de influencia. La parábola no nos permite llamar «nuestro» a nada de ello. Identifica una libra que el Señor ha puesto en tus manos y pregúntate cómo podrías «negociar» con ella esta semana. 4. Cuídate de los «ciudadanos». Algunos a nuestro alrededor se opondrán abiertamente al reinado del Rey. El peligro para los fieles no es su odio, sino la tentación de reflejarlo: tratar la ausencia del Rey como licencia para la nuestra. Mantente firme: el Maestro se ha ido solo para recibir Su reino, y volverá. 5. Mide la fidelidad, no la fama. El siervo con cinco libras y el siervo con diez escuchan ambos «¡Bien hecho!». La fidelidad se mide por proporción, no por prominencia. Si sientes que tu obra está oculta o es pequeña, anímate: «fuiste hallado fiel en lo muy poco» es el lenguaje mismo de la aprobación divina.

Reflexión

Es llamativo que Jesús no sane a Zaqueo, no debate con él, no espera el veredicto de una comisión. Simplemente dice: "date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa." La fe no es primero una doctrina que se argumenta, sino una puerta que se abre. El hombre que la multitud descartó como traidor se convierte en anfitrión del Hijo de Dios, y el Señor trata el hogar de un jefe de publicanos como el lugar donde su obra debe realizarse "hoy." La parábola que sigue suena como una historia distinta: un hombre noble, diez minas, un ajuste de cuentas; pero es la segunda mitad de la misma frase. El Rey que conoce a Zaqueo por nombre es el Rey que un día llamará a cada siervo por nombre. Entre esos dos momentos se extiende la vida ordinaria: el negociar, el esperar, la obediencia silenciosa que ninguna multitud aplaude. El jefe de publicanos en el sicómoro y el siervo fiel con la mina son ambos retratos de la misma vida: una vida que mira hacia arriba, desciende, da y sigue negociando, todo porque ha sido buscada por un Salvador que no pasa de largo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué Jesús主动 se ofreció a quedarse en la casa de Zaqueo? ¿No era arriesgado?

Era el punto central de su misión: 'el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.' Lo que parecía riesgo para la multitud era, de hecho, el corazón de su propósito.

¿Era la restitución cuádruple de Zaqueo un requisito legal?

La restitución cuádruple proviene de Éxodo 22:1 para el ganado robado, y Números 5:7 añade una quinta parte. Zaqueo excedió voluntariamente el requisito mosaico, evidenciando un arrepentimiento que iba más allá del cumplimiento legal.

Cada siervo recibió la misma libra, sin embargo, el maestro recompensó a diez ciudades, ¿es eso justo?

No es equidad, sino fidelidad y gracia. El señor recompensa según la diligencia y el fruto de cada siervo; el asunto nunca es la cantidad inicial, sino si lo que fue encomendado fue bien empleado.

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