Confiando en la Piedra que los Constructores Rechazaron
Cuando la fe parece fallar, Dios todavía nos llama a confiar en el Hijo que fue rechazado — y hecho la piedra angular.
Y comenzó a hablarles en parábolas. Un hombre plantó una viña, y la cercó con un vallado, y cavó un lagar, y edificó una torre, y la arrendó a labradores, y se fue lejos. Y a su tiempo envió a los labradores un siervo, para que recibiese de los labradores del fruto de la viña. Mas ellos le prendieron, y le golpearon, y le enviaron vacío. Y volvió a enviarles otro siervo; y a éste le hirieron en la cabeza, y le trataron afrentosamente. Y envió otro; y a éste mataron: y a otros muchos, hiriendo a unos y matando a otros. Tenía aún un hijo amado suyo; le envió por último a ellos, diciendo: Tendrán reverencia a mi hijo. Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la herencia será nuestra. Y le prendieron, y le mataron, y le echaron fuera de la viña. ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará la viña a otros. ¿Ni aun esta escritura habéis leído: La piedra que los edificadores desecharon, Esta es hecha la cabeza del ángulo; Esto fue del Señor, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Y procuraban prenderle; mas temían a la multitud; porque entendían que contra ellos había dicho la parábola: y dejándole, se fueron. Y le envían algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le prendiesen en alguna palabra. Y viniendo ellos, le dicen: Maestro, sabemos que eres verdadero, y que no te cuidas de ninguno; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios: ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos? Mas él, conociendo su hipocresía, les dijo: ¿Por qué me tentáis? traedme el denario, para que lo vea. Y se lo trajeron. Y les dice: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Y ellos le dijeron: De César. Entonces Jesús les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él. Y vienen a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección; y le preguntaban, diciendo: Maestro, Moisés nos escribió, Que si el hermano de alguno muriese, y dejase mujer, y no dejase hijos, que su hermano tome la mujer, y levante descendencia a su hermano. Hubo siete hermanos: y el primero tomó mujer, y muriendo no dejó descendencia; y el segundo la tomó, y murió, sin dejar descendencia; y el tercero de la misma manera: y los siete no dejaron descendencia. Y después de todos murió también la mujer. En la resurrección, pues, cuando resucitaren, ¿de quién será mujer? porque los siete la tuvieron por mujer. Entonces Jesús les respondió: ¿No erráis por esto, porque no sabéis las escrituras, ni el poder de Dios? Porque cuando resucitaren de los muertos, ni se casarán, ni serán dados en casamiento; mas son como los ángeles en los cielos. Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el lugar concerning acerca de la zarza, cómo Dios le habló, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos: así que vosotros erráis mucho. Y vino uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien; y le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Y Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es: y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas. Este es el primer mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos. Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él: y que amarle con todo el corazón, y con toda la inteligencia, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios. Y Jesús, viendo que había respondido discretamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y nadie osaba después preguntarle. Y respondiendo Jesús, y enseñando en el templo, dijo: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies. David mismo le llama Señor; ¿cómo pues es su hijo? Y la mucha gente del pueblo le oía de buena gana. Y les enseñaba, diciendo: Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas: que devoran las casas de las viudas, y por apariencia hacen largas oraciones: estos recibirán mayor condenación. Y sentándose Jesús frente al tesoro, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el tesoro: y muchos ricos echaban mucho. Y vino
Marcos 12:1–20 entrelaza dos escenas: la parábola de los labradores malvados, en la que el Hijo amado es muerto y la viña es dada a otros, y la controversia sobre pagar tributo al César. Entre ellas, Jesús cita el Salmo 118:22–23: "La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la cabeza del ángulo." La fe, para Jesús, no es un optimismo ingenuo, sino confianza en el Dios que vindica al rechazado y desenmascara toda lealtad falsa.