Éxodo 12:6
y lo guardaréis hasta el decimocuarto día del mismo mes; y toda la congregación de la asamblea de Israel lo sacrificará al atardecer. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel, en las casas donde lo han de comer. Y comerán la carne aquella noche, asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. No comeréis de ella cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; con su cabeza, sus piernas y sus entrañas. Y no dejaréis nada de ella hasta la mañana; y lo que quedare de ella hasta la mañana, lo quemaréis al fuego. Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestras sandalias en vuestros pies, y vuestro bastón en vuestra mano; y lo comeréis de prisa: es la Pascua de Jehová. Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de hombres como de bestias; y contra todos los dioses de Egipto ejecutaré juicios: yo soy Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y cuando yo vea la sangre, pasaré sobre vosotros, y no habrá en vosotros plaga de destrucción cuando yo hiera la tierra de Egipto. Y este día os será memorable, y lo celebraréis como fiesta a Jehová: por vuestras generaciones lo celebraréis como estatuto perpetuo. Siete días comeréis panes sin levadura; el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere pan leudado desde el primer día hasta el séptimo, aquella alma será cortada de Israel. Y el primer día habrá santa convocación, y el séptimo día tendréis santa convocación; ningún trabajo se hará en ellos, exceptuando solamente lo que cada uno hubiere de comer, eso solamente se podrá hacer por vosotros. Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura; porque en este mismo día saqué vuestros ejércitos de la tierra de Egipto: por tanto guardaréis este día por vuestras generaciones como estatuto perpetuo. En el mes primero, en el día catorce del mes por la tarde, comeréis panes sin levadura, hasta el día veintiuno del mes por la tarde. Siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere cosa leudada, aquella alma será cortada de la congregación de Israel, así sea extranjero como nativo del país. Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras moradas comeréis panes sin levadura. Entonces Moisés llamó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad y tomaos corderos según vuestras familias, y sacrificad la Pascua. Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que está en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de la puerta de su casa hasta la mañana. Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, Jehová pasará delante de la puerta, y no permitirá que el destructor entre en vuestras casas para herir.
Lucas 22:1-3
Se acercaba la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la Pascua. Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo darle muerte; porque temían al pueblo. Y Satanás entró en Judas, el que era llamado Iscariote, que era del número de los doce. Y él se fue y habló con los principales sacerdotes y con los capitanes, cómo entregárselo a ellos. Y ellos se alegraron, y convinieron en darle dinero. Y él consintió, y buscaba oportunidad para entregárselo a ellos sin la presencia del pueblo. Y llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar la Pascua. Y envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id y preparadnos la Pascua para que comamos. Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos? Y él les dijo: He aquí, cuando entréis en la ciudad, os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare. Y decid al señor de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la Pascua con mis discípulos? Y él os mostrará un gran cenáculo amueblado; allí preparadla. Y ellos fueron, y hallaron como les había dicho; y prepararon la Pascua. Y cuando llegó la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta Pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y tomando una copa, y habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomando el pan, y habiendo dado gracias, lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. Y de igual manera, después de haber cenado, la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. Mas he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. A la verdad el Hijo del hombre va, según lo que está determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado! Y ellos comenzaron a preguntarse entre sí cuál de ellos sería el que había de hacer esto. Y hubo también entre ellos una contienda, acerca de cuál de ellos era tenido por el mayor. Y él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que tienen autoridad son llamados benefactores. Pero vosotros no así; sino que el que sea el mayor entre vosotros, hágase como el menor; y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿quién es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve. vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tribulaciones; yo, pues, os dispongo un reino, como mi Padre me lo dispuso a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgar a las doce tribus de Israel. Simón, Simón, he aquí, Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, cuando vuelvas, confirma a tus hermanos. Y él le dijo: Señor, contigo estoy pronto para ir a la cárcel y a la muerte. Y él le dijo: Te digo, Pedro, que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces. Y les dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin sandals, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada. Y él les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela; y también alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una. Porque os digo que es necesario que se cumpla en mí esto que está escrito: Y fue contado con los inicuos; porque lo que está escrito de mí tiene cumplimiento. Y ellos dijeron: Señor, aquí hay dos espadas. Y él les dijo: Basta. Y saliendo, se fue, como de costumbre, al monte de los Olivos; y también los discípulos le siguieron. Y cuando llegó al lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo, que le fortalecía. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y su sudor se hizo como gotas de sangre que caían hasta la tierra. Y cuando se levantó de la oración, vino a los discípulos y los halló durmiendo a causa de la tristeza, y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para que no entréis en tentación. Hablando él aún, he aquí, una multitud, y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y se acercó a Jesús para besarle. Pero Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre? Y cuando los que estaban a