La prueba de la fe: Cuando la autoridad es cuestionada
En la Parábola de la Viña, los que confían en Dios contrastan marcadamente con los que lo rechazan.
Y aconteció en uno de aquellos días, que enseñando él al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, vinieron a él los principales sacerdotes y los escribas con los ancianos; y hablaron, diciendo: Dinos: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad? Entonces él respondiendo, les dijo: Os haré también yo una pregunta; y respondedme: El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Mas ellos pensaron dentro de sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo; nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si dijéremos: De los hombres; todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta. Y respondieron, que no sabían de dónde fuese. Entonces Jesús les dijo: Ni yo os digo con qué autoridad hago estas cosas. Y comenzó a hablar al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, y la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo. Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; mas los labradores, golpeándole, le enviaron vacío. Y volvió a enviar otro siervo; pero ellos, golpeándole también, y afrentándole, le enviaron vacío. Y volvió a enviar al tercero; pero ellos, hiriéndole también, le echaron fuera. Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le vean, le tendrán en respeto. Mas los labradores, viéndole, pensaron entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra. Y echándole fuera de la viña, le mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a estos labradores, y dará la viña a otros. Cuando ellos oyeron esto, dijeron: ¡Dios nos libre! Mas él, mirándolos, dijo: ¿Qué es, pues, lo que está escrito: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser la cabeza del ángulo? Todo aquel que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; y sobre el que ella cayere, le desmenuzará. Y los escribas y los principales sacerdotes procuraban echar mano a él en aquella hora, porque temían al pueblo; pero entendieron que contra ellos había dicho esta parábola. Y le acechaban, y enviaron espías que se fingiesen justos, para sorprenderle en alguna palabra, y así entregarle a la potestad y autoridad del gobernador. Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no tienes acepción de personas, sino que enseñas el camino de Dios con verdad. ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no? Mas él, entendiendo la astucia de ellos, les dijo: Mostradme una moneda. ¿De quién es la imagen y la inscripción que tiene? Y respondieron: De César. Entonces les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo; antes, maravillados de su respuesta, callaron. Entonces vinieron a él unos de los saduceos, los cuales niegan haber resurrección, y le preguntaron, diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y no tuviere hijos, que su hermano tome la mujer, y levante descendencia a su hermano. Hubo, pues, siete hermanos; y el primero tomó mujer, y murió sin hijos; y el segundo la tomó, y murió también sin hijos; y el tercero la tomó; y asimismo los siete, y murieron sin dejar hijos. Y después de todos, murió también la mujer. En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer. Entonces Jesús les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y se dan en casamiento; mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento; porque ya pueden morir más; porque son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. Pero que los muertos resucitan, aun Moisés lo enseñó en la parte concerninga la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos viven. Y respondiendo algunos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho. Y no osaron más preguntarle cosa alguna. Entonces les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? Pues David mismo dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo? Y oyéndolo todo el pueblo, dijo a sus discípulos: Guardaos de los escribas, que quieren andar con vestiduras largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones; estos recibirán mayor condenación.
Lucas 20:1-20 registra a Jesús enfrentando a los líderes religiosos en el templo, respondiendo a su desafío a Su autoridad con una parábola sobre una viña, unos inquilinos rebeldes y un Hijo rechazado—que llega a ser la piedra angular del plan redentor de Dios.