Fe y confianza en medio de la maldad: Salmos 10
Cuando los malvados prosperan y los humildes son aplastados, ¿cómo continúa la fe confiando bajo un cielo silencioso?
¿Por qué, OH ETERNO, te quedas lejos, sin atención en tiempos de dificultad? Los impíos en su arrogancia acosan al humilde—¡que sean atrapados en las tramas que inventan! Los impíos cacarean sobre sus pasiones desenfrenadas; el codicioso vilipendia y desprecia a DIOS. Los impíos, arrogantes como son, en todas sus intrigas [piensan]: "Dios no se preocupa y no llama a cuentas." Sus caminos prosperan en todo tiempo; Tus juicios están muy lejos de ellos; resoplan contra todos sus adversarios. Tales personas piensan: "No seré sacudido, por todo tiempo nunca estaré en problemas." Su boca está llena de juramentos, engaño y fraude; malicia y maldad están debajo de su lengua. Acechan en lugares apartados; desde un escondrijo matan al inocente; sus ojos espían al desventurado. Esperan en un escondrijo como león en una guarida; esperan para atrapar al humilde; atrapan al humilde al cerrar su red; se agachan, se encogen, y el desventurado cae víctima de su poder. Piensan: "Dios no tiene memoria, el rostro divino está oculto y nunca mira." ¡Levántate, OH ETERNO! Golpéalos, OH Dios! No olvides al humilde. ¿Por qué el impío ha de despreciar a Dios, pensando que Tú no llamas a cuentas? ¡Tú sí miras! ¡Tú tomas nota de la malicia y la aflicción! Requerir es Tu poder. A Ti el desventurado puede encomendarse; Tú siempre has sido la ayuda de los huérfanos. OH quebranta el poder del impío y del malhechor, para que cuando Tú busques, lo cual en vv. 4 y 13 significa "llamar a cuentas," su maldad Ya no la hallarás. DIOS es soberano por siempre jamás; las naciones perecerán de esta tierra. Tú escucharás la súplica del humilde, OH ETERNO, Tú harás firme su corazón; Tú inclinarás Tu oído para defender al huérfano y al oprimido, para que meros mortales terrenales no tiranicen más.
Salmo 10 es un lamento alfabético que pasa del desconcertado «¿Por qué?» del salmista (vv. 1-11) a una audaz confesión de que el SEÑOR «escuchará la súplica de los humildes» (vv. 16-18). El arco del propio salmo es un retrato de la fe que atraviesa la queja hasta llegar a la confianza.