Llamando desde las profundidades: Fe y confianza nacidas en la espera
Salmo 130, un Cántico de los Ascensos, enseña que aun desde las profundidades, la fe se forja mediante la confianza en Dios.
Un cántico de los ascensos. Desde lo profundo clamo a ti, oh ETERNO. Oh mi Soberano, escucha mi clamor; que tus oídos estén atentos a mi súplica de misericordia. Si tú tomas en cuenta los pecados, oh Yah, mi Soberano, ¿quién sobrevivirá? Tuyo es el poder de perdonar para que seas temido. Miro a DIOS; todo mi ser está buscando; aguardo la palabra de Dios. Soy más ansioso por mi Soberano que los guardas por la mañana, los guardas por la mañana. Oh Israel, espera en DIOS; porque con DIOS hay amor firme y gran poder para redimir. Es este quien redimirá a Israel de todas sus iniquidades.
El Salmo 130 es uno de los quince Cantos de los Grados (Shir HaMa'alot), tradicionalmente cantados por los peregrinos que subían a Jerusalén para las fiestas señaladas. El texto provisto usa 'EL ETERNO', 'Soberano', 'Yah' y 'DIOS' en lugar de los nombres divinos YHWH y Adonai/Adon, preservando el clamor crudo del salmo desde 'las profundidades' (מִמַּעֲמַקִּים, min-ma'amakim). El movimiento es llamativo: de la súplica desesperada (vv. 1-3), a la confesión del poder perdonador de Dios (v. 4), a la vigilancia personal (vv. 5-6), a la exhortación comunitaria a la esperanza (vv. 7-8).