Fe Vigilante: Levantando Nuestros Ojos al Señor en la Tentación
Salmo 141 clama por la protección y la custodia de Dios, guiándonos a través de las trampas de la tentación y la maldad.
Salmo de David. A Ti clamo, oh ETERNO, apresúrate hacia mí; escucha mi clamor cuando a Ti invoco. Acepta mi oración como ofrenda de incienso, mis manos alzadas como sacrificio vespertino. Oh ETERNO, pon guardia sobre mi boca, vigía a la puerta de mis labios; no dejes que mi mente se vuelva a cosa mala, a practicar obras de iniquidad con los que hacen maldad; no me dejes deleitarme en sus manjares. Que el justo me hiera con lealtad y me reprenda; que mi cabeza no rehúse tal aceite escogido. Mis oraciones están aún contra sus malas obras. Que sus jueces resbalen sobre la roca, pero mis palabras sean escuchadas, pues son dulces. Como cuando la tierra se hiende y se abre, nuestros huesos son esparcidos a la boca del Seol. Mis ojos están fijos en Ti, oh DIOS mi Soberano; en Ti busco refugio, no me expongas al peligro. Guárdame de la trampa tendida para mí, y de los lazos de los malhechores. Que los impíos caigan en sus redes, mientras yo paso solo.
El Salmo 141 es un salmo de David—un clamor para que el SEÑOR escuche, guarde su boca y su corazón, y lo libre de las trampas de los malhechores. Su estribillo "Mis ojos están puestos en ti, oh DIOS mi Soberano; en ti busco refugio" es el corazón de la fe vigilante y la confianza.