El clamor del alma: Confiando en el Dios viviente en la sequía
El Salmo 42 enseña que cuando las lágrimas se convierten en alimento y los enemigos se burlan diciendo "¿Dónde está tu Dios?", la fe aún puede clamar al Dios viviente.
Para el director. Masquil de los hijos de Coré. Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Tiene sed de Dios, del Dios viviente: ¿Cuándo vendré, y apareceré delante de Dios? Fueron mis lágrimas, mi comida, día y noche; mientras me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios? Mi alma derramaré dentro de mí cuando acordaré de esto: cómo caminaba yo en la casa de Dios, con muchedumbre, guiando la procesión a la casa de Dios, con voz de alegría y alabanza, multitud en fiesta. ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te conturbas dentro de mí? Espera en Dios: porque aún he de alabarle, salvación de mi Dios, que es la salud de mi rostro, y Dios mío. Oh Dios mío, mi alma está abatida dentro de mí; por eso me acordaré de ti desde la tierra del Jordán, y de los hermonitas, desde el monte de Mizhar. Abismo llamó a abismo a la voz de tus canales; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. Pero de día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo, oración al Dios de mi vida. Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿por qué ando yo enlutado por la opresión del enemigo? Mientras se quebrantan mis huesos, mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te conturbas dentro de mí? Espera en Dios: porque aún he de alabarle, salvación de mi presencia y Dios mío.
El Salmo 41 es atribuido a los hijos de Coré, músicos del templo cuyas familias en otro tiempo se opusieron a Moisés (Números 16), pero que luego fueron redimidos para formar un gremio levítico de cantores. El salmista escribe desde un lugar de desarraigo parecido al exilio, lejos de los atrios del Señor, y sin embargo se niega a permitir que su dolor tenga la última palabra. El estribillo recurrente "¿Por qué estás abatida, alma mía?" es el terreno fértil de la fe: el lamento honesto dirigido a Dios es en sí mismo un acto de confianza.