Manteniendo el Pacto en la Sombra de la Traición: La Cena de la Fe
Cuando la noche se avecina y las conspiraciones se sellan, Jesús parte el pan y vierte la copa — el más profundo misterio de fe y confianza.
Se acercaba la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la Pascua. Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo darle muerte; porque temían al pueblo. Y Satanás entró en Judas, el que era llamado Iscariote, que era del número de los doce. Y él se fue y habló con los principales sacerdotes y con los capitanes, cómo entregárselo a ellos. Y ellos se alegraron, y convinieron en darle dinero. Y él consintió, y buscaba oportunidad para entregárselo a ellos sin la presencia del pueblo. Y llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar la Pascua. Y envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id y preparadnos la Pascua para que comamos. Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos? Y él les dijo: He aquí, cuando entréis en la ciudad, os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare. Y decid al señor de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la Pascua con mis discípulos? Y él os mostrará un gran cenáculo amueblado; allí preparadla. Y ellos fueron, y hallaron como les había dicho; y prepararon la Pascua. Y cuando llegó la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta Pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y tomando una copa, y habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomando el pan, y habiendo dado gracias, lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. Y de igual manera, después de haber cenado, la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. Mas he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. A la verdad el Hijo del hombre va, según lo que está determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado! Y ellos comenzaron a preguntarse entre sí cuál de ellos sería el que había de hacer esto. Y hubo también entre ellos una contienda, acerca de cuál de ellos era tenido por el mayor. Y él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que tienen autoridad son llamados benefactores. Pero vosotros no así; sino que el que sea el mayor entre vosotros, hágase como el menor; y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿quién es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve. vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tribulaciones; yo, pues, os dispongo un reino, como mi Padre me lo dispuso a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgar a las doce tribus de Israel. Simón, Simón, he aquí, Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, cuando vuelvas, confirma a tus hermanos. Y él le dijo: Señor, contigo estoy pronto para ir a la cárcel y a la muerte. Y él le dijo: Te digo, Pedro, que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces. Y les dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin sandals, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada. Y él les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela; y también alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una. Porque os digo que es necesario que se cumpla en mí esto que está escrito: Y fue contado con los inicuos; porque lo que está escrito de mí tiene cumplimiento. Y ellos dijeron: Señor, aquí hay dos espadas. Y él les dijo: Basta. Y saliendo, se fue, como de costumbre, al monte de los Olivos; y también los discípulos le siguieron. Y cuando llegó al lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo, que le fortalecía. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y su sudor se hizo como gotas de sangre que caían hasta la tierra. Y cuando se levantó de la oración, vino a los discípulos y los halló durmiendo a causa de la tristeza, y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para que no entréis en tentación. Hablando él aún, he aquí, una multitud, y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y se acercó a Jesús para besarle. Pero Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre? Y cuando los que estaban a
Lucas 22:1–20 sitúa la Última Cena en el quicio de la historia de la salvación: conspiración en los pasillos del poder sacerdotal, un traidor en la mesa, y el Rey que convierte una Pascua en el nuevo pacto escrito con su propia sangre. La fe aquí no es un optimismo ingenuo; es la confianza del Hijo que se entrega, y la confianza de los discípulos que deben aprender a comer, recordar y seguir.