Mantener la Fe ante el Juez Justo
El Salmo 58 llama a los fieles a confiar en que aun cuando los malvados rugen, la justicia de Dios prevalecerá: nuestra fe descansa en Aquel que juzga y libra.
Para el director; al tashḥeth. De David. Un michtam. Oh poderosos, ¿de verdad decretáis lo justo? ¿Juzgáis al género humano con equidad? En vuestras mentes planeáis la maldad en la tierra; con vuestras manos repartís la iniquidad. Los impíos son obstinados desde su nacimiento; los mentirosos se extravían desde el vientre. Su veneno es como el de una serpiente, una víbora sorda que detiene sus oídos para no oír la voz de los encantadores ni al experto que murmura conjuros. Oh Dios, quiebra sus dientes en su boca; destroza los colmillos de los leones, oh Eterno; que se derritan, que se desvanezcan como agua—apunta tus flechas para que sean derribados— como un caracol que se derrite al avanzar; como el aborto de una mujer—¡que nunca vean el sol! Antes que las espinas crezcan en un zarzal, arrástralos vivos en tu furia. Los justos se regocijarán cuando vean la venganza;,他们会让自己的脚踏在恶人的血中。Se dirá la gente: «Entonces hay recompensa para el justo; verdaderamente hay justicia divina en la tierra.»
El Salmo 58 es un «mictam» (una inscripción dorada), una oración de David contra los gobernantes que «juzgan a la humanidad» injustamente. Pasa de la denuncia de los poderes engañosos a una imprecación vívida, y termina con los justos gozándose en la justicia divina. El salmo fundamenta la fe no en la fiabilidad de los tribunales humanos, sino en el gobierno moral de Dios.