Clamando en la Fe: Encontrando al Dios Fiel en la Adversidad
El Salmo 86 enseña que la verdadera fe no es la ausencia de temor, sino el volverse hacia un Dios amoroso y fiel que nunca abandona a los débiles.
Oración de David. Inclina tu oído, oh ETERNO, respóndeme, porque soy pobre y necesitado. Preserva mi vida, porque soy firme; oh Tú, mi Dios, libra a Tu siervo que confía en Ti. Ten misericordia de mí, oh mi Soberano, porque a Ti clamo todo el día; alegra la vida de Tu siervo, porque en Ti, mi Soberano, pongo mi esperanza. Porque Tú, mi Soberano, eres bueno y perdonador, abundante en amor firme para todos los que Te invocan. Escucha, oh ETERNO, mi oración; atiende mi súplica de misericordia. En mi tiempo de angustia Te llamo, porque Tú me responderás. No hay nadie como Tú entre los dioses, oh mi Soberano, y no hay obras como las Tuyas. Todas las naciones que has hecho vendrán a postrarse delante de Ti, oh mi Soberano, y rendirán honor a Tu nombre. Porque Tú eres grande y haces maravillas; Tú solo eres Dios. Enséñame Tu camino, oh ETERNO; andaré en Tu verdad; que mi corazón sea indiviso en la reverencia por Tu nombre. Te alabaré, oh mi Soberano, mi Dios, con todo mi corazón y rendiré honor a Tu nombre para siempre. Porque Tu amor firme hacia mí es grande; Tú me has salvado de las profundidades del Seol. Oh Dios, gente soberbia se ha levantado contra mí; una banda despiadada busca mi vida; no tienen en cuenta Tu presencia. Pero Tú, oh mi Soberano, eres un Dios compasivo y misericordioso, lento para la ira, abundante en amor firme y fidelidad. Vuélvete a mí y ten misericordia de mí; concede Tu fortaleza a Tu siervo y libra al hijo de Tu sierva. Muéstrame una señal de Tu favor, para que mis enemigos la vean y sean frustrados porque Tú, oh ETERNO, me has dado socorro y consuelo.
El Salmo 86 es una oración atribuida a David. Entrelaza petición, alabanza, confianza y acción de gracias, mostrando cómo el creyente, en momentos de angustia, dirige su mirada con fe hacia la misericordia y la fidelidad de Dios.