Aprendiendo el Silencio en la Espera: Las Lágrimas de Tobías y Ana
Cuando aquellos que amamos retrasan su regreso, los corazones de los padres se sumergen en la ansiedad y el llanto—Tobías 10 nos enseña a mantener la fe en medio del sufrimiento y a consolarnos unos a otros con las consolaciones de Dios.
La ansiedad de los padres Entretanto, su padre Tobit contaba cada día, y cuando se cumplieron los días del viaje y ellos no llegaban, dijo: «¿Es posible que haya sido retenido? ¿O es posible que Gabael haya muerto y no haya nadie para entregarle el dinero?». Y estaba profundamente angustiado. Y su esposa le dijo: «El muchacho ha perecido; su larga demora lo demuestra». Entonces comenzó a hacer duelo por él y dijo: «¿No estoy yo angustiada, hijo mío, por haberte dejado partir, tú que eres la luz de mis ojos?». Pero Tobit le dijo: «Quédate tranquila y deja de preocuparte; él está bien». Y ella le respondió: «Quédate tranquilo y deja de engañarme; mi hijo ha perecido». Y ella salía cada día al camino por el que ellos se habían ido; no comía nada durante el día, y a lo largo de las noches nunca dejaba de hacer duelo por su hijo Tobías, hasta que se cumplieron los catorce días del banquete nupcial que Raguel había jurado que él debía pasar allí. Tobías y Sara parten hacia casa En aquel tiempo, Tobías dijo a Raguel: «Envíame de regreso, porque mi padre y mi madre han perdido toda esperanza de volver a verme». Pero su suegro le dijo: «Quédate conmigo, y enviaré mensajeros a tu padre, y ellos le informarán cómo están las cosas contigo». Tobías respondió: «No, envíame de regreso con mi padre». Entonces Raguel se levantó y le dio a su esposa Sara y la mitad de sus propiedades en esclavos, ganado y dinero. Y cuando los hubo bendecido, los despidió diciendo: «El Dios del cielo los prospere, hijos míos, antes de que yo muera». Dijo también a su hija: «Honra a tu suegro y a tu suegra; ellos son ahora tus padres. Que yo oiga un buen informe de ti». Y la besó. Y Edna dijo a Tobías: «El Señor del cielo te traiga de regreso sano y salvo, querido hermano, y me conceda ver a los hijos de mi hija Sara, para que yo me regocije ante el Señor. Mira, yo te confío a mi hija; no hagas nada que la entristezca».
Tobías 10:1-12 registra el doloroso intervalo de la espera: Tobit y Ana cuentan los días, Ana llora día y noche, mientras Tobías se prepara para regresar a casa con su esposa Sara. El capítulo captura tanto la realidad del sufrimiento humano como la puerta por donde entra el consuelo divino.