Exaltado desde el polvo: Sobre el sufrimiento, el orgullo y el consuelo divino
La sabiduría enseña que el sufrimiento muchas veces nace del orgullo, y el verdadero consuelo se encuentra donde los humildes son exaltados por Dios.
Un magistrado sabio educará a su pueblo, y el gobierno de un hombre entendido estará bien ordenado. Como el magistrado del pueblo, así son sus oficiales; y como el gobernante de la ciudad, así son todos sus habitantes. Un rey indisciplinado arruinará a su pueblo, pero una ciudad crecerá por la inteligencia de sus gobernantes. El gobierno de la tierra está en las manos del Señor, y sobre él levantará al hombre justo para el tiempo. El éxito del hombre está en las manos del Señor, y confiere su honor sobre la persona del escriba. El pecado de la soberbia No te enojes con tu prójimo por ninguna ofensa, y no intentes nada con actos de insolencia. La arrogancia es odiosa delante del Señor y delante de los hombres, y la injusticia es abominable para ambos. La soberanía pasa de nación en nación a causa de la injusticia, la insolencia y la riqueza. ¿Cómo puede estar orgulloso el que es polvo y ceniza? Porque aun en vida sus entrañas se corrompen. Una larga enfermedad confunde al médico; el rey de hoy morirá mañana. Pues cuando un hombre muere, heredará reptiles, bestias salvajes y gusanos. El principio del orgullo del hombre es apartarse del Señor; su corazón ha abandonado a su Hacedor. Porque el principio del orgullo es pecado, y el hombre que se aferra a él derrama abominaciones. Por tanto, el Señor trajo sobre ellos aflicciones extraordinarias y los destruyó por completo. El Señor ha derribado los tronos de los gobernantes y ha sentado a los humildes en su lugar. El Señor ha arrancado de raíz a las naciones y ha plantado a los humildes en su lugar. El Señor ha derribado las tierras de las naciones y las ha destruido hasta los cimientos de la tierra. Ha removido a algunos de ellos y los ha destruido, y ha extinguido su memoria de la tierra. La soberbia no fue creada para los hombres, ni la ira feroz para los nacidos de mujer. Personas dignas de honor ¿Qué raza es digna de honor? La raza humana. ¿Qué raza es digna de honor? Los que temen al Señor. ¿Qué raza es indigna de honor? La raza humana. ¿Qué raza es indigna de honor? Los que transgreden los mandamientos. Entre hermanos, su líder es digno de honor, y los que temen al Señor son dignos de honor ante sus ojos. El rico, el eminente y el pobre: su gloria es el temor del Señor. No es correcto despreciar a un pobre inteligente, ni es apropiado honrar a un hombre pecador. El noble, el juez y el gobernante serán honrados, pero ninguno de ellos es mayor que el hombre que teme al Señor. Los hombres libres estarán al servicio de un siervo sabio, y el hombre entendido no se quejará. Sobre la humildad No hagas gala de tu sabiduría cuando trabajes, ni te glorifiques en un tiempo de necesidad. Mejor es el hombre que trabaja y tiene abundancia de todo, que el que anda jactándose pero carece de pan. Hijo mío, glorifícate con humildad y atribúyete honor según tu valía. ¿Quién justificará al hombre que peca contra sí mismo? ¿Y quién honrará al hombre que deshonra su propia vida? Un pobre es honrado por su conocimiento, mientras que un rico es honrado por su riqueza. El hombre honrado en la pobreza, ¡cuánto más en la riqueza! Y el hombre deshonrado en la riqueza, ¡cuánto más en la pobreza!
Sirácida 10:1–20 une el ascenso y la caída de las naciones, la gravedad moral del orgullo y la tierna逆转 que Dios realiza a favor de los humildes. El capítulo enmarca el sufrimiento como consecuencia de la injusticia y la arrogancia, mientras que el consuelo surge dondequiera que el Señor "asienta a los humildes en su lugar."