Noé fue un hombre justo en la era de la Creación y los Patriarcas, que caminó con Dios en medio de la generación del diluvio, halló favor por medio de la fe y se convirtió en el progenitor de una nueva humanidad.
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Vida e historia
La historia de Noé comienza en un mundo lleno de violencia y corrupción. Cuando la maldad humana llegó a su punto máximo, Dios encontró una excepción en Noé: las Escrituras registran que era un hombre justo, irreprensible en su generación, y que caminaba con Dios. Esta descripción de "caminar con Dios" evoca la de Enoc, lo que sugiere una relación íntima y fiel que lo apartaba en medio de una generación perversa. Dios instruyó a Noé a construir el arca como preparación para el juicio venidero. Noé obedeció el mandato del Señor, llevando a toda su casa al arca y preservando sus vidas mediante el diluvio. Después de que las aguas se retiraron, Dios estableció un pacto con Noé y sus hijos, dando el arcoíris como señal de que nunca más destruiría la tierra mediante inundación. Noé se convirtió así en el origen de una nueva humanidad, llevando las promesas y el pacto de Dios a una nueva era. La vida de Noé se erige como un modelo de fe y obediencia. Se le cuenta entre los héroes de la fe en el Nuevo Testamento, pues por fe preparó el arca antes de ver el diluvio, salvando a toda su casa. El nombre Noé significa "descanso" o "consuelo", lo que evoca el propósito de Dios de traer un nuevo comienzo a su creación mediante él.