El Fundamento de la Fe: El Poder Revelado en la Debilidad
Cuando Pablo se detuvo temblando en Corinto, su mensaje no fue entregado con elocuencia, sino en el poder del Espíritu — para que nuestra fe no descansara en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios.
Y yo, hermanos, cuando vine a vosotros, no vine con excelencia de palabra o de sabiduría, anunciándoos el testimonio de Dios. Porque me propuse no saber nada entre vosotros, sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve con vosotros en debilidad, y en temor, y en mucho temblor. Y mi palabra y mi predicación no consistieron en palabras persuasivas de sabiduría, sino en demostración del Espíritu y de poder; para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; pero no la sabiduría de este mundo, ni de los príncipes de este mundo, que se deshacen; sino que hablamos la sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria; la cual ninguno de los príncipes de este mundo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que conozcamos las cosas que Dios nos ha dado gratuitamente. Las cuales también hablamos, no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Mas el hombre natural no percibe las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio, el hombre espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.
1 Corintios 2:1-16 es el testimonio de Pablo a los corintios de que el evangelio que predicó no se apoyó en floreos retóricos ni en filosofía mundana. Más bien, ancló la fe de los creyentes en la demostración del Espíritu y de poder. Él despliega el misterio de la sabiduría divina, una sabiduría oculta a los gobernantes de esta edad, ahora revelada por medio del Espíritu que es el único que escudriña las profundidades de Dios. El pasaje es la columna vertebral teológica de una fe inspirada en la pneumatología: una confianza que no se fundamenta en la capacidad humana sino en el don del Espíritu de Dios.