Cuando la fe cruza las líneas que trazamos
La visión de Pedro en Jope y la casa de Cornelio revelan que lo que Dios ha limpiado no debe ser llamado común.
Y los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea oyeron que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Y cuando Pedro subió a Jerusalén, contendían con él los que eran de la circuncisión, diciendo: Entraste en casa de hombres incircuncisos, y comiste con ellos. Entonces Pedro comenzó, y les expuso el asunto por orden, diciendo: Yo estaba en la ciudad de Jope orando; y vi en éxtasis una visión, un vaso, como un gran lienzo que descendía del cielo, bajado por cuatro puntas; y venía hasta mí: en el cual cuando fijé los ojos, consideré, y vi los cuadrúpedos de la tierra, y las bestias salvajes, y los reptiles, y las aves del cielo. Y oí también una voz que me decía: Levántate, Pedro; mata y come. Yo dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca. Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú común. Y esto se hizo tres veces; y todo volvió a ser recogido en el cielo. Y he aquí, luego se pararon tres hombres delante de la casa en que estábamos, enviados a mí desde Cesarea. Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Y vinieron también conmigo estos seis hermanos; y entramos en casa del varón, el cual nos contó cómo había visto al ángel que estaba en su casa, y le había dicho: Envía a Jope, y haz venir a Simón, que tiene por sobrenombre Pedro; el cual te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa. Y como yo comenzara a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos, como sobre nosotros también al principio. Entonces me acordé de la palabra del Señor, cómo había dicho: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si pues Dios les dio también el mismo don que a nosotros, cuando creímos en el Señor Jesús Cristo, ¿quién era yo para que pudiese estorbar a Dios? Oyendo ellos esto, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! Entonces los que habían sido esparcidos por la tribulación que sobrevino a causa de Esteban, pasaron hasta Fenicia, y Chipre, y Antioquía, no hablando la palabra a nadie sino sólo a los judíos. Pero había entre ellos algunos varones chipriotas y cirenenses, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. Y la mano del Señor era con ellos; y gran número creyó y se convirtió al Señor. Y la noticia de estas cosas llegó a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía. El cual, cuando llegó y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortaba a todos a que con propósito de corazón permaneciesen en el Señor. Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y mucha gente fue añadida al Señor. Después partió Bernabé a Tarso a buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía. En aquellos días descendieron de Jerusalén a Antioquía unos profetas. Y levantándose uno de ellos llamado Ágabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sobrevino en los días de Claudio. Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.
Hechos 11:1–20 registra la confrontación de la iglesia de Jerusalén con Pedro por su comida con los gentiles, su defensa ordenada y la doxología final de la iglesia: «Entonces también a los gentiles ha concedido Dios el arrepentimiento para vida».