En el umbral: La señal de la fe
Cuando el siervo elige quedarse por amor, el poste de la puerta lleva la marca de la confianza.
Estas son las leyes que les propondré: Cuando compres un esclavo hebreo, te servirá seis años, y al séptimo saldrá libre, sin pagar nada. Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, su mujer saldrá con él. Pero si su amo le dio una mujer, y ella le dio hijos e hijas, la mujer y sus hijos serán del amo, y él saldrá solo. Pero si el esclavo dice: "Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no quiero salir libre," entonces su amo lo llevará ante Dios, lo arrimará a la puerta o al poste, y su amo le horadará la oreja con una lezna, y será su esclavo para siempre. Cuando alguien venda a su hija como sierva, ella no saldrá como salen los esclavos. Si ella no agrada a su señor, y él no la desposa, deberá permitirle que se rescate; pero no podrá venderla a gente extraña, pues fue infiel con ella. Si la destina para su hijo, deberá tratarla como a una doncella libre. Si llega a tomar otra mujer, no le disminuirá a aquélla su alimento, su vestido ni sus derechos maritales. Y si no le cumple estas tres cosas, ella saldrá libre sin pagar nada. El que hiera a otro de muerte, ha de morir. Pero si no le puso asechanzas, sino que Dios hizo que cayese en sus manos, entonces yo te señalaré un lugar al cual el homicida podrá huir. Si alguien trama contra su prójimo con malicia, para matarlo con alevosía, lo arrancarás de mi altar para que muera. Quien hiera a su padre o a su madre, morirá. Quien rapte a una persona, sea que la haya vendido o que aún la tenga en su poder, morirá. Quien maldiga a su padre o a su madre, morirá. Cuando algunos hombres riñan, y uno hiera a su prójimo con piedra o con el puño, y aquél no muera, sino que caiga en cama: si se levanta y anda afuera apoyado en su bastón, el que lo hirió será absuelto, pero pagará por su reposo y por su curación. Cuando alguien golpee a su esclavo o a su esclava con un palo, y muera allí mismo, será castigado. Pero si sobrevive un día o dos, no será castigado, porque es su propiedad. Cuando algunos hombres peleen, y una mujer embarazada sea golpeada y abortare, pero no hubiere otro daño, el responsable será multado conforme a lo que el marido de la mujer le exigiere, y pagará conforme al arbitrio. Pero si hubiere otro daño, entonces darás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, contusión por contusión. Cuando alguien hiera el ojo de su esclavo o el ojo de su esclava y lo destruya, lo dejará en libertad por causa del ojo. Y si le hiciere saltar un diente a su esclavo o a su esclava, lo dejará en libertad por causa del diente. Cuando un buey acorneare a un hombre o a una mujer y le causare la muerte, el buey será apedreado y no se comerá su carne, pero el dueño del buey no será castigado. Pero si el buey era acorneador desde antes, y su dueño fue avisado y no lo guardó, y mata a un hombre o a una mujer, el buey será apedreado, y también su dueño morirá. Si se le impone rescate por su vida, pagará conforme a lo que se le imponga. Y si acornea a un muchacho o a una muchacha, será juzgado conforme a la misma ley. Pero si el buey acornea a un siervo o a una sierva, pagará treinta siclos de plata al señor de ellos, y el buey será apedreado. Cuando alguien abriere una cisterna, o cavare una cisterna y no la cubriere, y cayere allí un buey o un asno, el dueño de la cisterna pagará el daño, devolviendo el valor al dueño, y el animal muerto será suyo. Cuando el buey de alguien hiriere al buey de su prójimo y le causare la muerte, entonces venderán el buey vivo y partirán su precio, y también partirán el animal muerto. Pero si era notorio que el buey era acorneador desde antes, y su dueño no lo guardó, éste pagará buey por buey, y se quedará con el animal muerto. Cuando alguien robare un buey o una oveja, y lo degollare o lo vendiere, pagará cinco bueyes por el buey y cuatro ovejas por la oveja.
Éxodo 21:1–20 contiene leyes de casos, no un solo versículo, pero la imagen más impactante para nuestro tema de fe y confianza es el siervo que declara: «Amo a mi señor», y se le horada la oreja en el poste de la puerta (vv. 5–6). Ese poste se convierte en un signo visible de lealtad al pacto, una devoción fiel que va más allá de la obligación.