Firmes en el Espíritu: La fe que obra por amor
Cristo nos hizo libres. Sin embargo, la libertad en Él no es licencia para la carne — es la fe, que obra por el amor, la que anda por el Espíritu.
Para la libertad nos libertó Cristo: estad pues firmes, y no os dejéis otra vez poner bajo el yugo de servidumbre. He aquí, yo Pablo os digo que, si recibís la circuncisión, Cristo de nada os aprovechará. Y otra vez testifico a todo hombre que recibe circuncisión, que es deudor de hacer toda la ley. Habéis sido separados de Cristo, vosotros que procuráis ser justificados por la ley; de la gracia habéis caído. Pues nosotros por el Espíritu aguardamos la esperanza de la justicia por la fe. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión; sino la fe que obra por el amor. Corríais bien: ¿quién os estorvó para que no obedeciéis a la verdad? Esta persuasión no viene de aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa. Yo tengo confianza respecto a vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo; pero el que os turba llevará su castigo, quienquiera que sea. Mas yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? pues el tropiezo de la cruz ha sido quitado. Quisiera que los que os perturban se cortasen también del todo. Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos los unos a los otros por amor del Espíritu. Porque toda la ley se cumple en una sola palabra: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Mas si os mordéis y os devanáis unos a otros, mirad que también no os consumáis los unos a los otros. Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; porque estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; de las cuales os amonesto, como también antes os he dicho, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Pero el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.
Gálatas 5:1-20 (RVR1960) es el fundamento de esta reflexión. Pablo contrasta el yugo de la servidumbre con la libertad ganada por Cristo, y muestra que la fe no es pasiva — obra por medio del amor y es capacitada por el Espíritu Santo contra los deseos de la carne.