Fe y confianza

El Báculo en Tu Mano: Donde Comienza la Fe

Moisés tenía un cayado común en su mano, y por medio de él Dios abrió la puerta de la confianza.

BibleVibe Editorial5 min de lectura
Traducción:ESV
Éxodo 4:1-20
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Pero Moisés habló y dijo: "¿Y si no me creen ni me escuchan, sino que dicen: 'DIOS no se te apareció'?" DIOS le dijo: "¿Qué es eso que tienes en tu mano?" "Una vara." "Arrójala al suelo." La arrojó al suelo y se convirtió en una serpiente; y Moisés se apartó de ella. Entonces DIOS dijo a Moisés: "Extiende tu mano y agárrala por la cola"—extendió su mano y la sujetó, y volvió a ser vara en su mano— "para que crean que el ETERNO, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, se te apareció." DIOS le dijo además: "Mete tu mano en tu seno." Metió su mano en su seno; y cuando la sacó, ¡estaba cubierta de escamas blancas como la nieve! Y [Dios] dijo: "Vuelve a meter tu mano en tu seno."—Metió su mano de nuevo en su seno; y cuando la sacó de su seno, he aquí que estaba como el resto de su cuerpo.— "Y si no te creen ni prestan atención al primer prodigio, creerán el segundo. Y si no quedan convencidos con estos dos prodigios ni te hacen caso, toma un poco de agua del Nilo y derrámala en el suelo seco, y ella—el agua que tomes del Nilo—se convertirá en sangre sobre el suelo seco." Pero Moisés dijo a DIOS: "Por favor, Soberano mío, nunca he sido hombre de palabras, ni antes ni ahora que has hablado a Tu siervo; soy tardo en el habla y torpe de lengua." Y DIOS le dijo: "¿Quién da el habla a los hombres? ¿Quién los hace mudos o sordos, videntes o ciegos? ¿No soy Yo, DIOS? Ahora ve, y Yo estaré contigo cuando hables y te instruiré sobre lo que has de decir." Pero él dijo: "Por favor, Soberano mío, haz que otro sea Tu enviado." DIOS se enojó con Moisés y dijo: "Ahí tienes a tu hermano Aarón el levita. Él, Yo sé, habla con facilidad. Precisamente ahora él está saliendo a tu encuentro, y se alegrará de verte. Tú le hablarás y pondrás las palabras en su boca—Yo estaré contigo y con él cuando hablen, y les diré a ambos qué hacer— y él hablará por ti al pueblo. Así él te servirá de portavoz, y tú harás el papel de Dios para con él. Y lleva contigo esta vara, con la cual realizarás los prodigios." Moisés volvió a su suegro Jéter y le dijo: "Déjame volver a mis parientes en Egipto y ver cómo les va." Y Jetro dijo a Moisés: "Ve en paz." DIOS dijo a Moisés en Madián: "Vuelve a Egipto, porque todos los que buscaban matarte han muerto." Así que Moisés tomó a su esposa y a sus hijos, los montó en un asno, y volvió a la tierra de Egipto; y Moisés llevó consigo la vara de Dios. Y DIOS dijo a Moisés: "Cuando regreses a Egipto, asegúrate de realizar ante el faraón todas las maravillas que he puesto en tu poder. Yo, sin embargo, endureceré su corazón de modo que no dejará ir al pueblo. Entonces le dirás al faraón: 'Así dice DIOS: Israel es Mi primogénito. Yo te he dicho: "Deja ir a Mi hijo, para que Me sirva", pero tú te niegas a dejarlo ir. Ahora mataré a tu primogénito.'" En un campamento nocturno, en el camino, DIOS se encontró con él y procuró matarlo. Entonces Ziporá tomó una piedra afilada y cortó el prepucio de su hijo, y tocó con él sus piernas, diciendo: "¡Tú eres verdaderamente un esposo de sangre para mí!" Y cuando [Dios] lo dejó en paz, ella añadió: "Esposo de sangre a causa de la circuncisión." DIOS dijo a Aarón: "Ve al encuentro de Moisés en el desierto." Fue y se encontró con él en el monte de Dios, y lo besó. Moisés contó a Aarón todas las cosas que DIOS le había encomendado y todos los prodigios que se le habían ordenado. Entonces Moisés y Aarón fueron y reunieron a todos los ancianos de los israelitas. Aarón repitió todas las palabras que DIOS había hablado a Moisés, y realizó los prodigios ante los reunidos, y la asamblea quedó convencida. Cuando oyeron que DIOS había tomado en cuenta a los israelitas y había visto su aflicción, se inclinaron profundamente en reverencia.

Éxodo 4:1–20 — Dios responde a las objeciones de Moisés con tres señales (la vara, la mano leprosa, el Nilo convertido en sangre) y le da a Aarón como su portavoz, mostrando que la fe se fundamenta en la presencia de Dios, no en la suficiencia humana.

Narration

Contexto

Moisés se encuentra en el desierto de Madián con un rebaño detrás de él y un recuerdo ardiente delante de él. Cuarenta años antes había intentado liberar a Israel por su propia mano y tuvo que huir de Egipto; ahora, en Éxodo 4, el SEÑOR lo llama de regreso. El escenario es Horeb, el monte Sinaí, la misma montaña donde Dios daría poco después la Ley. Desde este lugar de encuentro, Moisés expresa tres miedos: que Israel no le crea (v. 1), que no es elocuente (v. 10), y —el más revelador— que preferiría enviar a otro en su lugar (v. 13). Cada objeción es atendida no solo con reprensión, sino con provisión: señales para el primer miedo, una boca prometida para el segundo, y Aarón para el tercero. El capítulo es, por tanto, la bisagra teológica donde la misión del éxodo de Israel queda constituida por el don de Dios, no por el currículum de Moisés. El comentarista judío de la antigüedad, Josefo, re-narra esta escena en Antigüedades 2.12–13, señalando que la lentitud de palabra de Moisés era una dificultad antigua y que Aarón le fue concedido como ayudante fraternal. Los escritores del Nuevo Testamento igualmente leen la resistencia de Moisés como un retrato de la debilidad en la que se muestra el poder divino (cf. 2 Co 3:5–6, 12:9–10).

Espaciotiempo

Situado en el monte Sinaí durante la era del Primer Templo, donde Israel recibió el pacto y aprendió a caminar en confianza hacia Dios en medio de un viaje formativo por el desierto.

Significado

El tema de la fe y la confianza (信心与信靠) se despliega en Éxodo 4 a través de tres círculos concéntricos. Primero, la fe está arraigada en la revelación, no en la confianza en sí mismo. Moisés no comienza diciendo: «Creo que puedo hacer esto». Comienza diciendo: «¿Qué tal si no me creen?» (v. 1). La respuesta divina no es una charla motivacional, sino una serie de señales que apuntan más allá de sí mismas hacia el Dios de Abraham, Isaac y Jacob (v. 5). La fe, en otras palabras, no es el valor para enfrentarse a una multitud; es el reconocimiento de que Aquel que te envía es Aquel que te sostiene. Segundo, la fe obra a través de la debilidad más que绕ándola. La segunda objeción de Moisés —«Soy tardo en el habla y torpe de lengua» (v. 10)— es respondida con la profunda declaración: «¿Quién hizo la boca del ser humano? ¿Quién hace al mudo o al sordo, al que ve o al ciego? ¿No soy Yo, el SEÑOR?» (v. 11). El Dios que hizo la boca llenará la boca. La confianza no niega la limitación; la coloca en las manos de Aquel que la creó. Tercero, la fe puede coexistir con la resistencia, pero la resistencia finalmente debe ceder. Moisés pide: «Ah, Señor mío, envía, te ruego, por medio de otro» (v. 13). El texto dice que «el SEÑOR se enojó contra Moisés» (v. 14) —y aun así le provee a Aarón. La ira y la gracia se encuentran aquí. Dios no abandona al que titubea; rodea al que titubea con.helpers. La confianza, entonces, no es la ausencia del temblor, sino el camino que va desde el temblor hacia adelante, hacia la provisión que Dios ya ha preparado.

Aplicar

1. Nombra lo que hay en tu mano. Cuando Dios pregunta: «¿Qué es eso que tienes en tu mano?», no está preguntando por tu currículum; está preguntando por la cosa común que ya está a tu alcance —tu tiempo, tu oficio, tu hogar, tus palabras—. Ponla delante de Él y pídele que redefina su uso. 2. Deja de descalificarte por el ayer. Moisés cargaba el recuerdo de su fracaso a los cuarenta años (Ex 2,11–15). El Señor no te pide que borres tu pasado; te pide que tomes el cayado de tu vida presente y le permitas transformarlo. Habla débil, lengua lenta, historia marcada —ninguno de estos es un veredicto final cuando el Creador del habla está hablando por medio de ti. 3. Recibe los ayudantes que Dios provee. Moisés quería hacerlo solo, o no hacerlo. Dios le dio a Aarón. En tu propia vocación, resiste la mentira de que debes ejercer la fe en solitario. Dios a menudo responde al «no puedo» con el don del «podemos» —un amigo, un cónyuge, una congregación, un consejero—. 4. Confía en las señales, pero confía más en el Dador de las señales. El cayado, la mano y el Nilo fueron dados para que Israel «crea que el Señor, el Dios de sus padres, se te ha aparecido» (v. 5). Las señales son indicadores. Camina más allá de ellas hacia Aquel a quien señalan. 5. Cuando dudes, no te detengas. La fe en este capítulo no es una fotografía fija de certeza; es movimiento. Moisés discutió con Dios y luego fue. Tu hesitación, honestamente puesta delante del Señor, no es lo opuesto de la fe —con frecuencia es su puerta de entrada.

Reflexión

Hay una bondad particular en la forma en que Dios responde a Moisés. No le dice: "Deja de poner excusas." Le dice: "Muéstrame lo que tienes en la mano." El cayado del pastor no era nada — un pedazo de madera formado por el uso — y sin embargo, a través de él caerían las plagas y el mar se abriría. La fe no comienza con un corazón confiado; comienza con una mano entregada. Abre la tuya hoy, y permite que el Señor decida qué será de lo que llevas.

Preguntas frecuentes

¿Por qué Moisés temía que Israel no le creyera?

Había sido un fugitivo de Egipto durante cuarenta años y sentía que su credibilidad había desaparecido. Dios respondió a su miedo con tres señales, enseñándole que la fe descansa en la presencia y el poder divino, no en la elocuencia personal.

¿Qué significa hoy para nuestra fe «¿Quién hizo la boca?».

Nos recuerda que el Dios que diseñó nuestra boca y nuestros oídos puede capacitarnos para hablar por Él. Nuestra insuficiencia no es una descalificación; es precisamente el lugar donde Su gracia se manifiesta.

¿Por qué Dios se enojó con Moisés y aun así le concedió su petición?

Moisés había recibido amplia revelación, y mayor resistencia reflejaba terquedad. Sin embargo, la ira de Dios estaba mezclada con misericordia: le dio a Aarón como portavoz. Dios no tolera la incredulidad, pero no abandona al que titubea.

¿Qué pueden aprender los creyentes de hoy del cayado de Moisés?

Las cosas ordinarias en nuestras manos — el tiempo, la habilidad, las relaciones — pueden ser reutilizadas por Dios como señales de confianza. Lo que importa no es el cayado en sí, sino el Dios que nos pide soltarlo.

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