La inundación del norte: Cuando el sufrimiento se traga la orilla, la presencia de Dios permanece como refugio
Jeremías 47:1-7 muestra que la espada y el juicio de las naciones son reales y temibles, sin embargo, la Escritura nunca nos deja solos en nuestro dolor. Aun en Su ira, Dios es el Señor que escucha el clamor de la angustia.
La palabra de Dios que llegó al profeta Jeremías acerca de los filisteos, antes de que el faraón conquistara Gaza. Así dijo Dios: Mirad, aguas suben del norte, Se convertirán en torrente desbordado, Inundarán la tierra y sus criaturas, Las ciudades y sus habitantes. La gente clamará, Todos los habitantes de la tierra aullarán, Ante el estruendo de los cascos que golpean de los corceles del faraón, Ante el ruido de sus carros, El fragor de sus ruedas. Los padres no mirarán a sus hijos Por absoluta impotencia, A causa del día que viene Para devastar a todos los filisteos, Para cortar a todo aliado De Tiro y Sidón. Porque Dios devastará a los filisteos, El remanente de la isla de Caftor. La calvicie ha venido sobre Gaza, Ascalón está destruida. Oh remanente de su valle, ¿Hasta cuándo te harás incisiones? "Oh espada de Dios, ¿Cuándo callarás al fin? Retírate a tu vaina, Descansa y quédate quieta." ¿Cómo puede estar quieta Cuando Dios le ha dado órdenes Contra Ascalón y la costa, Le ha señalado allí su tarea?
Jeremías 47 es un oráculo breve contra Filistea, pronunciado antes de la campaña del Faraón contra Gaza. Las "aguas que suben del norte" son una expresión idiomática estándar en Jeremías para referirse a un ejército invasor del norte (compárese con Jeremías 1:13-15; 6:1, 22). Los filisteos habían sido durante mucho tiempo una espina en el costado de Israel; ahora ellos mismos sentirán el mismo horror invasor. La pregunta final —"Oh espada del SEÑOR, ¿cuándo descansarás?"— es el clamor único de los sufridores que saben que Dios es soberano aun cuando Su silencio resulta insoportable.